25 Razones por las que los Padres con niños de Alta Capacidad somos “Intensos”.

25 Errores Comunes que deberías evitar con tus alumnos de Alta Capacidad.

Muchos hemos pasado por esto. Ese sentimiento de angustia cuando ves que tu hijo se aburre, se desmotiva y se siente deprimido en la escuela. Su entusiasmo inicial por aprender poco a poco se va tornando en desidia, desinterés y bloqueo. Una actitud pasiva y pasota que acaba por transcender a otros aspectos de su vida. Entonces te invade esa incertidumbre sobre si deberías intervenir, cuándo deberías hacerlo y sobre todo si tu demanda en la escuela generará algún tipo de enfrentamiento.

Cuando por fin acudimos al centro, nos enfrentamos a una realidad que aumenta este sentimiento de angustia. Nos encontramos con que:

  • No todos los maestros tienen la formación adecuada, nos hablan en términos de rendimiento, y nosotros hablamos en términos de motivación.
  • La metodología tradicional basada en la emisión de conceptos que el niño aprende de forma pasiva, todos a la vez y al mismo ritmo, no permite la atención a la diversidad de una forma fluida y eficaz.
  • Algunos maestros creen que no tiene autoridad para activar por sí mismos medidas de aceleración, compactación o enriquecimiento.
  • Algunos equipos de orientación no entran a valoran las medidas educativas a tomar y se limitan a realizar una evaluación bajo criterios exclusivamente métricos, -en muchas ocasiones mediante test rápidos- y a determinar si el niño pasa o no un criterio de corte arbitrario e inflexible que nada significa.
  • Algunos orientadores creen que su labor se limita a determinar el CI del niño y que ese valor de CI determina quien “es” y quien “no es” de alta capacidad y, por tanto, tiene derecho a una atención específica. Sin embargo, y aunque la normativa en la mayoría de las comunidades exige un determinado CI o perfil “homogéneo” para la solicitud de entrada a determinados programas de enriquecimiento o para la flexibilización de curso, no se exige para atender en el aula las necesidades del menor o proponer medidas de enriquecimiento.
  • Los plazos administrativos para obtener la consabida “etiqueta” que otorga el “derecho” a ser atendido, juegan en nuestra contra y aumentan el tiempo que el menor pasa desatendido. Pueden entonces surgir problemas de psicomatización diversos (dolores de cabeza o tripa, úlceras, problemas con el sueño, cambio de actitud, agresividad, aislamiento, etc..).
  • Nos damos cuenta entonces de que nuestros hijos se encuentran inmersos en una absurda maraña de “responsabilidades” compartidas entre un sinfin de personas que deciden sobre las necesidades de nuestras hijos, eso si, sin contar con las familias : el tutor, el resto de maestros, el equipo de orientación del centro, la dirección, los equipos de orientación de la comunidad, la oficina de atención a la diversidad, insepección, la normativa local, la normativa Estatal, los plazos. Y en todo este entramado reina la falta de formación y de implicación personal respecto a los niños de alta capacidad que, nos dicen, “deben demostrar para merecer”.

Nos convertimos asi en “padres intensos obsesionados por la etiqueta”….

Cuando en realidad, la etiqueta nada nos importa y nada nos aporta. Lo que nosotros queremos es volver a ver a nuestros hijos disfrutando en la escuela, con el mismo derecho a desarrollar su potencial que el resto de niños. Pero cuando pedimos ésto nos dicen, que sin etiqueta, no hay derechos. Y a cambio lo que nos dan son medidas que no ayudan:

La psicóloga Gail Post nos relata en su artículo http://giftedchallenges.blogspot.com.es/2016/03/25-signs-your-gifted-child-is.html, 25 signos que indican que tu hijo de alta capacidad no esta siendo atendido en el centro:

  • 1. Se espera que destaque en todo por el mero hecho de ser de Alta Capacidad, sin que se le aporten recursos y adaptaciones específicas orientadas a desarrollar su potencial.
  • 2. Es percibido como un niño o niña “muy demandante” como traducción de su elevada curiosidad, su capacidad para cuestionarlo todo y sus firmes opiniones.
  • 3. No se le permite acelerar o compactar el currículo en asignaturas concretas o no se le ofrece la opción de flexibilizar un curso (a pesar de que cumple con condiciones personales para ello)
  • 4. No se le ofrecen oportunidades para trabajar con otros compañeros similares (algo que en muchos centros se considera elitista)
  • 5. Se le permite leer un libro durante la clase a falta de otras opciones o alternativas de enriquecimiento que le supongan un reto.
  • 6. Se le recrimina por leer un libro en clase a pesar de que no se le ofrecen otras actividades retadoras.
  • 7. Se le pide tutorizar a otros estudiantes, actuar de “pseudo-profesor” explicando la lección a otros. Este cambio de “roles” tiene serias implicaciones para el alumno, desde provocar el rechazo de sus compañeros, impedir su integración, acoso escolar a varios niveles y, en la adolescencia y madurez, la asunción de un rol protector o maternal/paternal hacía sus compañeros sentimentales o de trabajo. Debemos pues huir de esta medida tan frecuente en nuestras escuelas.
  • 8. Es señalado por ser “muy inteligente” o “superdotado” lo que le enfrenta a sus compañeros o genera recelos entre ellos, pudiendo provocar la burla o el acoso.
  • 9. Se le responsabiliza por su bajo rendimiento, a pesar de que éste surge de su estado de aburrimiento crónico y la frustración por una escuela que no le motiva y en la que se ve obligado a aprender lo que sabe o repetir ejercicios que tiene superados.
  • 10. Se le niegan oportunidades con la excusa de que su madurez social no está a la altura de su capacidad intelectual.
  • 11. Se le endosa alguna etiqueta del tipo “Déficit de atención con o sin hiperactividad”, “espectro autista”, “vago”, o, por el contrario, se le niega la evaluación por no cumplir los “requisitos previos”, es decir, porque “no lo veo”.
  • 12. Se le pide siempre esperar, esperar, y esperar, hasta que todos sus compañeros hayan asimilado el concepto.
  • 13. Se le agrupa con compañeros con problemas de aprendizaje o más lentos, con la intención de “equilibrar los grupos” o para que ayude al resto con la asignatura o a obtener una mejor nota.
  • 14. Se le fuerza a participar en actividades que, aunque llamadas de “enriquecimiento” no son relevantes ni significativas para él (como programas de cálculo o lectura, cuando éstas no son su área de interés, pero forman parte del mito de que todos estos niños son “buenos en el cálculo aritmético o ávidos lectores”, rincones de tareas adicionales programadas por el maestro, aulas de enriquecimiento donde se impone el proyecto, etc…), y, de este modo, justifican que el centro esta respondiendo a las necesidades del alumno.
  • 15. Se espera que obtenga notas excelentes en todas las asignaturas, no sólo en primaria, sino también en Secundaria, sin importar el interés que cada materia puede despertarle.
  • 16. Se le reprime por mostrar entusiasmo por sus logros porque “podría hacer sentir mal a sus compañeros”.
  • 17. Se le ignora a la hora de conceder menciones o reconocimientos, especialmente si ha sido acelerado, porque “bastante premio tiene ya y hay que repartir los méritos”. Aquí si, se aplica aquello de “no puede ser perfecto en todo”.
  • 18. Se le exige asumir que trabajar en conjunto con personas de diversas capacidades es beneficioso para él o ella, a pesar de que él o ella no ve ningún beneficio (y esto no es un problema de capacidad, sino de metodología).
  • 19. Se le dice que sus necesidades educativas no son tan importantes como las de aquellos que tienen problemas de aprendizaje o no tienen su capacidad (haciéndole sentir que es un alumno de segunda, que sus necesidades no son importantes).
  • 20. Se le otorgan sobresalientes de forma rutinaria, aunque no haya hecho ningún esfuerzo durante el curso.
  • 21. Nunca se le da una oportunidad de trabajar duro, de esforzarse, de superarse a sí mismo, desarrollar estrategias de estudio y aprendizaje o aprender de experiencias frustrantes o respuestas erróneas (porque si el nivel no está a su altura, no sabe lo que es fallar).
  • 22. La respuesta educativa se basa en “trabajo o deberes extra”, más fichas y tareas como complemento al trabajo de clase. (más y no diferente).
  • 23. Se le recrimina por no resolver de la forma esperada, por no ser tan “listo” como debería ser dadas sus capacidades. (“Si eres tan listo deberías….”, “Pues no serás tan listo si….”, “¿”Y tu no eras superdotado, como es que….?”).
  • 24. No recibe información sobre las opciones que la Administración o el Sistema Educativo le pueden ofrecer.
  • 25. Se espera que se integre bien con todos los niños de su edad, a pesar de reconocer su mayor desarrollo intelectual, su sobre-excitabilidad sensorial, posible desarrollo asincrónico y su proceso madurativo mayor que le hace entender y percibir conceptos como la amistad y la justicia de una forma que no corresponde a su edad biológica, lo que genera roces y decepciones con sus compañeros de clase.

Todas estas medidas se aplican en nuestras aulas hoy de forma sistemática. Ninguna de ellas favorece el desarrollo emocional, social o cognitivo del niño y muchas de ellas trabajan justamente en sentido contrario, perjudicándolo, pero persisten en la costumbre y el hábito de algunos educadores o centros. Por eso debemos esforzarnos en actualizar conceptos y trabajar por una propuesta de desarrollo del potencial eficaz y positiva en todos los aspectos y alineada con lo que demuestran investigadores y expertos en todo el mundo (J. Renzulli, S. Reis, F. Gagné, S. Pfeiffer, J. Tourón, R. Swartz, K. Robinson), esto es un modelo inclusivo y multinivel de aprendizaje basado en el alumno que trabajen la creatividad y las destrezas del pensamiento.

¿Y qué podemos hacer cuando alguna o varias de estas circunstancias se están aplicando a nuestros hijos?

(siguiendo con las recomendaciones de la psicóloga Gail Post)

Primero, FOCALIZAR cuál es la principal necesidad de tu hijo e identifica qué es necesario para que ésta se cubra. A veces esto implica hablar con el centro y los maestros. A veces es mejor dar un paso atrás para evitar que se señale aún más a tu hijo o generar una respuesta negativa. A veces la respuesta está fuera del centro, trabajando fortalezas emocionales y cognitivas con tu hijo, ofreciéndole vías de “escape” complementarias. Rebajar la presión sobre las notas o resultados excelentes y permitir que tu hijo sea consciente de sus fortalezas y debilidades.

IMPLICARTE EN ACCIONES DE DEFENSA EN UN NIVEL SUPERIOR. La falta de atención al alumnado de alta capacidad no es un problema particular con un maestro particular, en un centro concreto. Es un problema social, de formación, normativo y de conceptualización de las altas capacidades y de cuáles son sus necesidades educativas. Apoyar procesos de defensa a un nivel local o nacional, que trabajen por modificar esta conceptualización es muy necesario. Ayudar a concienciar a otros padres de tu entorno y centro, y juntos realizar una propuesta viable y coordinada con tu centro, puede ayudar más que hacerlo de forma aislada.

ATRÉVETE A HACER CAMBIOS. Si tu hijo está angustiado, deprimido o languidece en un sistema educativo que no cubre sus necesidades, cambia de centro, incluso de sistema. Permitir que se desarrolle con una autoestima elevada es la principal labor de todo padre y educador. Y nadie puede desarrollar una autoestima positiva cuando sus necesidades son sistemáticamente relegadas a un segundo plano y no se siente parte valorada del grupo. Busca actividades donde pueda relacionarse con niños de sus mismos intereses y que sean de su interés, donde este motivado para brillar y que trabajen su implicación y motivación.

Lo más importante es ser consciente de las necesidades de tu hijo, formarte adecuadamente, eliminar la presión sobre él exigiendo un rendimiento perfecto en todo, siempre, y entender que el potencial sólo se convierte en talento y excelencia cuando la motivación y la creatividad entran en acción, por ello es tan importante trabajar estas dos variables.

ROMPE CON LOS CLICHÉS, si eres maestro u orientador. La legislación actual (Real Decreto 943/2003) indica que : “El sistema educativo debe procurar una configuración flexible, que se adapte a las diferencias individuales de aptitudes, necesidades, intereses y ritmos de maduración de las personas para no renunciar al logro de resultados de calidad para todos.”La ley no habla de etiquetas, sino de necesidades. Así, la labor de orientación es entender al niño y apoyar al maestro en su labor de activar su motivación e interés por al aprendizaje. La del maestro propiciar un ambiente que estimule el aprendizaje y el desarrollo de todos sus alumnos. La labor de orientación no puede limitarse a etiquear y discriminar niños en función de criterios de corte artificiales que no defienden ni los propios autores de los test, y la respuesta al potencial no puede ceñirse a medidas aisladas y puntuales determinadas horas a la semana.

“No podemos olvidar que ellos nos necesitan ahora, pero nosotros los necesitaremos a ellos mañana” (J.Stanley)

3 comentarios sobre “25 Razones por las que los Padres con niños de Alta Capacidad somos “Intensos”.

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