¿Son los niños de Alta Capacidad, niños Sobre-Estimulados?

El Mito de la sobre estimulación

“Los padres lo sobre-estimulan y si no, no sería” es un juicio que se hacen algunas personas sobre los niños de alta capacidad. Nuestro entorno, incluso familia y escuela observa con ligera suspicacia a estos pequeños, buscando algun signo que apoye su pre-juicio.

“No es tan listo, es que los padres lo sobre-estimulan”, o “yo prefiero que mi hijo sea niño”. Porque si, los niños de alta capacidad, por algún motivo dejan de ser niños en cuanto les cae la pesada losa de su “etiqueta”. Una “etiqueta” que automáticamente elimina su derecho a fallar, a equivocarse o a no saber. Pero que además tampoco respalda su derecho a desarrollarse, a retarse, a progresar y a recibir un estímulo motivador a la altura de su capacidad.

Todas las normativas exigen tener “alto rendimiento académico global y constante” y la mayoría de autonomías evalúan en función de un alto rendimiento, alta motivación, alta creatividad y alto CI. ¿A quién estarán buscando? O mejor.. ¿A quienes no quieren encontrar?.

Hoy sometemos a juicio el mito de la “sobre-estimulación”.

A vueltas con el Rendimiento.

En varios de nuestros artículos hemos insistido en que las altas capacidades intelectuales, como el potencial deportivo o musical,  son un potencial que necesita ser cultivado,  trabajado, fomentado, estimulado y retado para que se desarrolle. E igual que cada planta requiere unos cuidados específicos, desarrollar el potencial también exige la personalización de la respuesta educativa.

Como señala el profesor Javier Tourón “El talento que no se cultiva, se pierde”. Un postulado que defienden desde la academia científica otros expertos como el Profesor Steven I. Pfeiffer, François Gagné o Joseph Renzulli. Y bajo esta premisa, centran sus investigaciones aportando al sector educativo los factores a trabajar y los métodos más acertados para que este potencial se desarrolle.

Otro de los aspectos que comentamos hasta el hastío es que la alta capacidad no es equivalente a alto rendimiento, como erróneamente se legisla en prácticamente todas las Comunidades Autónomas de España y que tantísimo daño hace a los niños de altas capacidades. Esta nefasta interpretación del modelo de los tres anillos nos lleva a situaciones tan absurdas como exigir que un niño sea perfecto en todo, tremendamente creativo (artístico) y con una motivación elevada y constante en todas las  tareas escolares, cuando la realidad del día a día es totalmente distinta. Me gustaría encontrar a un adulto así en mi vida real, dudo que exista.

El propio Profesor Tourón lideró el número 368 de la Revista de Educación del Ministerio de Educación: http://www.mecd.gob.es/revista-de-educacion/numeros-revista-educacion/numeros-anteriores/2015/368.html y el propio Renzulli nos saca de la terrible interpretación que se ha realizado en España del modelo de los 3 anillos, modelo que sirve para intervenir, no para identificar! (http://www.mecd.gob.es/revista-de-educacion/numeros-revista-educacion/numeros-anteriores/2015/368/368_4.html)… A pesar de ello, se sigue esperando comportamientos de “genio” en el niño de las altas capacidades, cuando dichos comportamientos son el final de un camino de constancia, reto y superación, para el que la escuela y todo su entorno deben motivar.

Como todos sabemos, aunque a menudo olvidamos, los niños de altas capacidades consiguen superar hitos madurativos antes que sus pares intelectuales, como su capacidad superior se manifiesta desde la edad más temprana, nos asombran con sus rápidos avances y aparecen los primeros signos que a algunos les lleva a tener un nivel de conversación avanzado, otros a leer a edad temprana, hacer puzzles o construcciones, sumas y restas, y empezamos a “medirlos” en base a ese mayor “rendimiento” de los primeros años, empezamos a exigirles un nivel de logro superior.

Olvidamos así que esta capacidad-potencial debe seguir retándose y desarrollándose para que alcance su desarrollo máximo. Igual que  cuando inicia sus primeros pasos y pronuncia sus primeras palabras, debemos seguir animándole a avanzar y poniendo a su alcance motivaciones superiores que le aminen a seguir descurbiendo sus capacidades. Es necesario que se facilite un entorno donde ese potencial sea estimulado y retado.

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El rol de las familias y las escuelas.

La escuela es el lugar ideal para que un alumno reciba este estímulo y reto, no sólo porque ésta es su función, sino también porque es allí donde otros factores como el reconocimiento, el sentimiento de pertenencia y competencia, y la propia valoración (autoestima) se construyen y lo hacen a través del feed-back que recibimos de nuestro entorno.

Pero la escuela como tradicionalmente se conoce, esto es, desde la Revolución Industrial, la gestión unidimensional, la clase magistral, el patrón de corte único, no funciona en la sociedad actual. El “café para todos” ya pasó, las necesidades de nuestra sociedad ya no funcionan como aquel momento, este modelo ha quedado completamente desfasado. El debate actual es cómo transformar la escuela para que sea una escuela donde se atienda a cada uno según su necesidad, el aprendizaje personalizado, el aprendizaje flexible que elimina los límites … el potencial no puede estar esperando para salir a actuar.

Hay que trabajar con alumnos diversos, con necesidades distintas y aspiraciones únicas de otra manera; en una escuela que respete y aliente los ritmos de cada uno. Metodologías hay muchas, y cada profesor tiene que encontrar aquellas herramientas que le sirvan, y no siempre sirven las mismas para todos. Este es el reto profesional de la educación.

Y las familias, como primeros educadores de nuestros hijos, no lo olvidemos, no podemos desentendernos de la instrucción que reciben los niños en el colegio. Debemos involucrarnos y ser cómplices con la escuela. Debemos abandonar las suspicacias y respetarnos, como debe ser. Porque sólo en un clima de respeto y confianza podemos colaborar y trabajar por el desarrollo del talento.

Los padres lo sobre-estimulan

Y uno de los puntos de fricción que debemos trabajar es el equilibrio entre la sobre-estimulación y simplemente responder a la demanda natural de nuestros hijos. Un aspecto poco entendido pues, en muchos casos, se acusa a las familias de sobre-estimular a sus hijos, bien por avanzar contenidos que no tocan (“enseñar a leer”, sumar o multiplicar), bien por poner al alcance de nuestros hijos conocimientos que nos demandan, bien por afanarnos en llevarles a extra-escolares donde puedan desarrollar su potencial y sentirse valorados por unas habilidades que en la escuela pasan desapercibidas (música, razonamiento matemático, tecnología, escritura creativa, idiomas avanzados, etc..).

A menudo a los padres con niños de alta capacidad se nos cuelga el cliché de “sobre-estimuladores” para justificar esos hitos que nuestros hijos van alcanzando a un ritmo más apresurado que el que marca esta escuela que nos hemos dado, pautada, rígida, y encorsetada, que se niega a abrirse a una realidad innegable : que cada niño tiene un nivel de desarrollo y capacidad propio y personal, ajeno al año de nacimiento.

La realidad es que la gran mayoría de los padres con hijos de altas capacidades nos vemos desbordados habitualmente ante las insólitas peticiones de nuestros hijos y apenas alcanzamos a seguir su ritmo y responder a sus demandas.

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Si un niño de 8 años te pregunta sobre el cáncer, y tirando del hilo se entera que hay un metal que se llama radio, y, tirando del hilo, se entera que lo descubrió una mujer, ¡que además ganó dos veces el premio NOBEL! Y luego se entera que era una muchacha polaca muy pobre, pero que llevaba el apellido de su marido, que estudió en la Sorbona y fue la única alumna de su clase porque era una mujer brillantísima de altas capacidades ¿qué puedes hacer? Y quiere saberlo todo de ella y te pide libros sobre el tema ¿le estás sobre estimulando? ¿le pides que se olvide del tema y le fuerzas a sentarse a ver Bob Esponja?. Si cuando tenía 3 ó 4 años se empeñaba en leer todo lo que caía en sus manos, o si aprendió a multiplicar y dividir de forma autónoma porque su juego preferido es contarlo y sumarlo todo  ¿le regañas por “adelantarse”?.

Obviamente, cuando alguien tiene hambre, le das de comer. No le pides que se espere 4 ó 5 años porque “no toca”. Pero si el rendimiento no es la medida de la capacidad en la escuela, tampoco lo es en las extraescolares. Si nuestros hijos tienen derecho a fallar en la escuela, a no destacar en todo, a no tener siempre ganas de estar en lo más alto, también, como padres hemos de compartir la misma mirada y no volcar sobre nuestros hijos la añadida responsabilidad de pedirles ser (de forma implícita o inconsciente) el número uno en las clases de música, tenis, o ajedrez. Hemos de valorar el aprendizaje, la diversión y proveer oportunidades donde sus fortalezas internas se desarrollen y se ponga a prueba su persistencia y constancia, partiendo de sus intereses. Intereses que pueden (de hecho es frecuente que lo hagan), cambiar a lo largo de los años (incluso meses).

¿Qué hace una profesora con un niño así?

La tutora de ese niño me pide que le informe sobre qué temas apasionan a ese niño, para poder estimularle en clase de Lengua y ayudarle a escribir con más ilusión porque la caligrafía le parece un aburrimiento. Esa profesora apunta, entre risas, los temas favoritos de ese niño de 8 años: el Barón Rojo (piloto en la 1ª GM), la gravedad de Newton, los agujeros negros de Stephen Hawking, la historia de los Beatles, los musicales de Stanley Donnen, las películas de los Hermanos Marx, Napoleón, las ecuaciones, etc. y comenta que es maravilloso tener un alumno así porque toda la clase se enriquece con sus ideas y sus conocimientos.

Esa misma profesora comenta, que debe de ser agotador atender a las demandas de ese niño, y que así aprendemos juntas de su insaciable e infinita curiosidad. Esa profesora, -una persona real-, no piensa que los padres sobreestimulan al niño, ni juzga. La relación con la familia es cálida, estrecha y de confianza. Y si ella puede, otros también pueden.

Lo que no se puede comprender, ni compartir, son las frases de muchos adultos respecto de los intereses e inclinaciones de los niños: “no vas a entenderlo”, “ya te tocará”, “no es para tu edad“, “no interrumpas”, “no nos interesa”, … Si para un adulto es demoledor no poder compartir con nadie una pasión, una idea, una afición, aún teniendo la madurez para comprender que no a todos nos tiene que gustar lo mismo, o que no podemos hablar siempre de nuestras pequeñas obsesiones, podemos imaginar los sentimientos de tristeza y desolación de un niño en esta misma situación, cuando todavía está en vías de adquirir las destrezas que le ayuden a entender algunas de las normas sociales con que nos manejamos y que, quizá, cabría revisar.

Las consecuencias de pasar hambre

Abraham Maslow ya apuntó en los años 40 del siglo pasado, que desarrollar nuestro potencial es una necesidad del ser humano, como lo son el comer, beber, dormir o sentirse seguro. Sin embargo en el diseño de nuestra educación a menudo se pasa este aspecto por alto, pues no importa el potencial del niño, la escuela no se ocupa de canalizarlo y desarrollarlo, la escuela sólo se ocupa de llenar de contenidos a nuestros hijos según un ritmo marcado y diseñado desde esferas alejadas del día al día del aula.

Cuando se nos priva de alimento, nos sentimos mal. La sensación de “hambre” y la necesidad de comer se apodera de todos nuestros sentidos, de nuestro pensamiento y sólo podemos pensar en cuán hambrientos estamos. Este “hambre” nos distrae de cualquier otra actividad. Si esta privación de alimento se perpetúa un día tras otro, un año tras otro, las sensaciones negativas se van acumulando : nos sentimos cansados, apáticos, desmotivados, y nada de lo que nos proponen nos interesa. Sólo podemos pensar en comer. Con el tiempo estas sensaciones se transformarán en agresividad o depresión, irascibilidad y aislamiento.

¿Reconocemos algunas de las actitudes que a menudo expresan estos niños en la escuela?. Este proceso tiene lugar ante la privación de cualquiera de nuestras necesidades: comer, beber, dormir, tener cobijo, seguridad, amistad/amor, reconocimiento y sí, también cuando se nos priva de desarrollar nuestro potencial al ritmo en que lo necesitamos.

En este contexto y si el centro educativo no responde, las familias tratamos de buscar respuesta externa, cualquier “oásis” que devuelva el brillo y la motivación a unos pequeños, que empezaron a descubrir el mundo antes y también muy pronto aprendieron una triste lección, que la sociedad no admite las diferencias y que la escuela esta más preparada para frenar que para impulsar. Lo triste es que debamos suplir un estímulo que no reciben en el aula, que nuestros hijos salgan “hambrientos” tras la jornada escolar.

Pero estamos en las puertas de un cambio de tendencia y toca construir lazos de trabajo y cooperación, romper los muros de la incomprensión mutua, desarrollar una mayor empatía entre unos y otros, y trabajar juntos para dejar de frenar y empezar a respetar los ritmos individuales que cada niño presenta. Unos niños comen más que otros. Otros son más dormilones, o necesitan más actividad física. Del mismo modo, algunos niños sienten una curiosidad y pasión especial por el aprendizaje y el conocimiento pero no en forma de fichas, repeticiones, y consumo de “trocitos de información”, sino en la forma que les permite dar rienda suelta a sus intereses, su imaginación, curiosidad, pensamiento crítico y creativo, y les permite construir nuevas cosas combinando de aquí y allá. Si, no sólo tienen más “hambre” de aprender, sino que además son bastante “gourmet”. Pero… ¿Qué niño no prefiere un aprendizaje divertido y activo a la monotonía de las repeticiones y la memorización?.

 

2 comentarios sobre “¿Son los niños de Alta Capacidad, niños Sobre-Estimulados?

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