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Padres y Altas Capacidades ¿Cuáles son los Retos?

Tu hijo o hija tiene altas capacidades. ¡Enhorabuena! Seguramente ya sabes la complejidad que esto añade a su educación, y es posible que os sintáis inseguros en algunos aspectos. Parece que las reglas habituales, no valen para ellos. Has probado con más disciplina, has probado a ser su amigo, has probado a razonar. Pero siempre ganan ellos.

El proceso de escolarización de un niño con altas capacidades nos exige aprender y conocer esta complejidad para poder ser para ellos, el soporte y estímulo que necesitan para desarrollar su potencial, entenderse a sí mismos y adquirir las herramientas que necesitan para un crecimiento equilibrado emocional y social. Y no es fácil.

Nuestro contexto no es comprensivo ante sus necesidades y esto nos obliga a compensar o añadir herramientas adicionales que les permitan obtener una experiencia educativa más positiva de la escuela. Muchos asumen que los problemas que surgen a lo largo de su desarrollo son fingidos o producto de un exceso de ambición de los padres, o simple vaguería, rebeldía o mala educación de los hijos.

¿Qué necesitamos saber?

La primera pregunta, sin duda, es, si tiene altas capacidades, ¿Debemos esperar alto rendimiento en la escuela?

La respuesta es NO.

No, porque no todos son iguales y dentro del conjunto de alumnos con alta capacidad podemos encontrar perfiles muy diversos. Algunos de ellos destacan, claro que sí, en la escuela porque sus fortalezas coinciden con aquellas que se exigen, potencian y valoran en la escuela. Son los niños que “se ven”. Pero en otros observamos cualidades que a menudo no son valoradas, e incluso pueden ser negativizadas en algunos contextos educativos, por lo que, en consecuencia, es difícil que estos alumnos alcancen un rendimiento académico a la altura de su capacidad, sino trabajamos herramientas específicas que les permitan canalizar sus cualidades a favor de ese rendimiento.

Me paro aquí un momento para recordar, e insistir en este punto. Un niño con alta capacidad muestra una curiosidad, imaginación y capacidad de observación inusuales para su edad, un sentido del humor fino que nos muestra su capacidad para entender el doble sentido de las palabras o hilarantes o sorprendentes relaciones de ideas. Muchos muestran también una actitud estratégica y una capacidad -y actitud- negociadora que les libra desde comer las verduras hasta de las regañinas por olvidarse de todo. Pensamiento crítico y creativo, precocidad intelectual y quizá también madurativa y emocional. Madurez que confundimos con estoicismo impropia siempre en un niño de corta edad. Madurez para comprender la dimensión de algunos hechos complejos, como la pobreza, las guerras, un despido, una pelea o un accidente y para sentir y expresar emociones complejas que se derivan de éstas, como la desolación, el desamor, la alegría, la pena o la tristeza o incluso imaginarlas sin que hayan presenciado una causa.

S.M.R.B 7 años

No, por que el rendimiento no depende sólo de nuestra capacidad, sino además y sobre todo de nuestra fortalezas internas y del contexto educativo que es el responsable de estimular y desarrollar éstas, y de propiciar una mentalidad de crecimiento.

Entonces ¿Debemos esperar, conformarnos, o incluso “celebrar” el bajo rendimiento?

Rotundamente no. Es cierto que podemos encontrarnos con no pocos personajes destacados por su creatividad, ingenio e innovación, en el campo de la ciencia, la medicina, la música, el cine, la tecnología, empresa o humanidades, en cuyas biografías podemos leer que su paso por la escuela no encajó con el enorme potencial y genialidad que mostraron de adultos. Pero el hecho de que ellos pudieran, a pesar de todo, crecer con la autoestima y resiliencia necesarias para no dudar de su potencial, no puede ocultar el hecho de que otros muchos no lo consiguieron.

La escuela debe pues asumir su responsabilidad en el desarrollo del potencial, pero las familias no podemos eludir el nuestro. ¿Qué podemos hacer?

1. IDENTIFICACIÓN PRECOZ

Algunos estudios ya confirman que cuando los padres sospechan que sus hijos tienen alta capacidad, aciertan en un 85% de las veces. 95% de los hermanos de alumnos identificados también tienen alta capacidad. No son cifras a desdeñar. Nos tienen que dar fuerza, valor y energía para romper los muros de la vergüenza y el miedo. No es un favor, ni un privilegio. Es su derecho y una necesidad. Y si tú no luchas por los derechos de tu hijo, no esperes que nadie más lo haga.

  • Es posible evaluar las altas capacidades desde los 3 años. Y que no te digan lo contrario. Dirígete a los equipos de orientación temprana de tu comunidad.
  • La ley educativa insta a las administraciones a poner los medios para la identificación temprana de las necesidades educativas de todos los alumnos. Es un derecho. No lo olvides.
  • Pero no identificamos simplemente para etiquetar, sino para actuar. El objetivo de la educación para nadie, es que el alumno este “bien“, o “adaptado”, o que “no de problemas”. El objetivo siempre es que se esté desarrollando al máximo de su potencial. Porque así lo indican las normativas, sus derechos internacionales, la psicología, la pedagogía, y el sentido común. Si no favorecemos ese desarrollo desde los primeros años de escolarización, estamos mermando sus oportunidades para crecer con un sentimiento de competencia positivo y construir su identidad de acuerdo a sí mismos, y no de acuerdo al alumno “modelo o medio” que deseamos sea.
  • Los niños con alta capacidad son, por definición precoces, y asincrónicos. Así que, ni hay que “esperar” por si “se normaliza”, ni tiene que mostrar un desarrollo precoz en todas las áreas. Puede tener alta capacidad y pobre psicomotricidad, o un crecimiento por debajo de la media, o una autonomía que simplemente corresponde a su edad. No, no tienen que mostrar excelencia en todas las áreas de desarrollo.
  • Vence las dudas iniciales usando los cuestionarios Rogers para padres (también disponible para profesores), a modo de screening inicial, te permitirán conocer mejor el perfil de tu hijo o hija, o de tus alumnos y tener un soporte para solicitar una evaluación.

2.FAVORECER UNA MENTALIDAD DE CRECIMIENTO

Carol Dweck es la creadora de los términos “mentalidad fija” (creer que nuestras capacidades son innatas e inmutables) y “mentalidad de crecimiento” (aquellos que creen que sus habilidades pueden mejorar gracias al entrenamiento y el esfuerzo).

Una mentalidad fija nos lleva a tener pensamientos como “el error es el límite de mis capacidades” “o soy bueno en algo, o no lo soy”, “no puedo modificar mis capacidades”, “mi potencial esta predeterminado”, “la evaluación es una crítica a mi persona”, “cuando me frustro, abandono” y, en consecuencia, mostrar rechazo o bloqueo hacia los retos.

Una mentalidad de crecimiento nos lleva a tener pensamientos como “el error es una oportunidad para aprender”, “puedo aprender a hacer lo que quiera”, “mi esfuerzo y mi actitud determinan mi capacidad para lograr algo”, “la evaluación es constructiva”, “me inspira el éxito de los demás”, “me gusta probar cosas nuevas”.

¿Cómo llegan a desarrollar una mentalidad fija?

Desde que son pequeños obtienen logros sin apenas esfuerzo. Reconocer su nombre, reaccionar a nuestros estímulos, hablar, leer, sumar, entender las órdenes, todo estaba ya allí antes de que el entorno empezara a estimularle para ello, y al mostrarlo, les aplaudimos y adulamos por esos logros sin que ellos entiendan realmente, que es eso que merece tanto elogio. ¿Qué esfuerzo han tenido que hacer para obtener esos méritos? Ninguno. Por tanto ¿por qué no iban a asumir que los logros se obtienen sin esfuerzo, que ser “inteligente” quiere decir saber las cosas antes de que te las expliquen, que significa no equivocarse, no balbucear, no dudar? Y además piensan “todos esperan que yo sea perfecto, todos esperan que yo ya esté allí cuando ellos llegan, que no falle, que sepa, que acierte”.

¿Qué hacer para trabajar una mentalidad de crecimiento?

Sustituir una mentalidad fija por una de crecimiento no es un trabajo fácil. Requiere, por parte de sus educadores, constancia, paciencia y fé en las capacidades del alumno o hijo. Y hay que ser persistentes y serlo a lo largo del tiempo, no van a cambiar de un día para otro. Sabemos que pueden llegar más lejos, que pueden asumir riesgos mayores, pero necesitan vencer el miedo a fallar, a fallarnos.

  1. Fija un objetivo. Un reto concreto que le haga salir de su zona de confort relacionado con sus intereses y su área de fortaleza más evidente. Obtener logros a través del esfuerzo en aquello que nos gusta y en lo que mostramos mayor potencial aumentará su autoestima, que luego impulsará el desarrollo en otras áreas.
  2. Establece un plan de acción, definido paso a paso, con plazos de tiempo determinados. Compártelo y negócialo con tu hijo o hija, y llévalo a cabo. Por ejemplo presentar un proyecto a algún tipo de concurso, un programa de verano, prepararse para una evaluación concreta o para acelerar.
  3. Ni un paso atrás. Si tú no persistes. Ellos no persisten. Si tú no confías, ellos tampoco. Si tú no apuntas alto, tampoco ellos pensarán que pueden llegar allí. Es un proceso largo, a veces puede durar sólo semanas, pero otras meses o años. Debes mantener tu apoyo y confianza y no dejar de buscar estrategias y herramientas que les apoyen todo ese tiempo.
  4. Pero tampoco les cuelgues un peso extra en sus espaldas. Tener alta capacidad no implica que uno deba orientarse a la más difícil de las carreras, o que deba acumular “saberes”, desde el chino al violonchelo, patinaje o robótica. Desarrollar el potencial nos lleva a un crecimiento emocional y social equilibrado y a construir una identidad positiva, a atrevernos a asumir retos a la altura de nuestra capacidad y disfrutar de ello. Desarrollar el potencial es una necesidad, no una obligación, ni tiene que ver con la realización de sueños o exigencias ajenas.

3.CONTEXTO ESTIMULANTE

Sorprende, pero insistir en la importancia del contexto en el desarrollo del potencial es, seguramente, la mayor de nuestras tareas. Tanto en el deporte como en las áreas artísticas, los educadores, los entrenadores, se orientan a identificar el potencial para aportarle las herramientas y oportunidades que necesita para desarrollarse al máximo. En educación, sin embargo, se favorece una mentalidad fija, “si eres listo no necesitas ayuda, ni guía, ni oportunidades, ni retos, llegarás tú sólo”. Quizá por eso podemos presumir del reconocimiento que gozan muchos de nuestros deportistas y artistas, pero no del de nuestras Universidades.

Aportarles un contexto enriquecedor, que identifique su potencial, lo estimule y le ofrezca continuas oportunidades para medirse y expandirse, así como un feedback orientado a aportarles las herramientas y guía necesarias para seguir creciendo, es, no cabe duda, lo que más desespera a las familias y donde muchas no tienen capacidad para actuar.

La falta de este contexto les lleva a mimetizarse, y centrar sus esfuerzos en no destacar, a desarrollar un perfeccionismo insano, refugiarse o buscar el reconocimiento en grupos sociales donde puedan encontrar el reconocimiento del que el aula le priva. A un bloqueo emocional, en fin, que les lleva a perpetrarse en su zona de confort.

¿Qué hacer?

Las recetas universales y las pócimas mágicas no existen en educación, cada niño y cada contexto necesitan de un análisis personalizado. Pero te dejo aquí algunas sencillas prácticas que he podido compartir con diversas familias a lo largo de estos años y que les han ayudado:

Entender su forma de aprender

“No quieres, no te importa, eres un vago”, y les obligamos a “esforzarse”, pero sin aportarles ninguna herramienta para ello. “Vete a la habitación y no salgas hasta que te lo aprendas”… y pensamos “haz lo que has estado haciendo hasta ahora para sacar buenas notas“… pero lo que han hecho hasta ahora es ¡NADA!

Su cerebro es como una “polaroid”. Obtiene la foto sin pasar por todo el proceso de revelado. Necesitan que les enseñemos a realizar ese proceso paso a paso, y entender por qué esto es importante.

Dar contexto al aprendizaje

Sin el ¿por qué? y ¿para qué?, sin aportar sentido, contexto y aplicación al aprendizaje. Sin la lógica que soporta el ¿para qué tengo que aprender esto? es difícil que retengan el aprendizaje con el detalle que se pide en los exámenes. No te empeñes en enseñarles el concepto, no tienen problemas para entenderlo. Pero necesitan del contexto para retenerlo (y atención profesores, ellos no son los únicos que necesitan aprender así)

Esquemas y visualmaps

Para todos es de gran ayuda, pero para aquellos que tienen la cabeza como un torbellino de ideas, es aún más necesario. Lógico, ¿no? cuanta más ropa tenemos en el armario, más orden necesitamos. Hasta ahora la imaginación, la capacidad para conectar ideas y unos exámenes de respuesta más o menos corta o simple, no les habían exigido mantener ese orden. Podían lidiar con ese desorden y aún así tener un buen rendimiento, porque en realidad, ni siquiera necesitaban buscar “entre la ropa” acumulada, bastaba con “imaginársela”, o con sólo sacar la que encontraba más a mano. Pero esto ya no sirve, las exigencias se vuelven más complejas, hace falta ahora desarrollar las respuestas y aportar mas detalles, también pasar de “atender y responder” a “hacer y transformar”, así que necesitan aprender lo que sus compañeros aprendieron de pequeños.

A guardar cada prenda bien dobladita y ordenadita en el cajón que le corresponde. Paso a paso. Pero además su elevada lógica, no les permite simplemente “obedecer, guardar y punto”. Necesitan del contexto porque necesitan estar seguros de estar creando las conexiones y “compartimentos” más eficientes, lógicos y con sentido.

¿Y los que sí rinden en la Escuela?

Para los que van “bien” y les vemos crecer seguros de sus fortalezas, con un rendimiento elevado, alabados por sus profesores, y con buenas estrategias de aprendizaje, ordenados, organizados, responsables, implicados, parece que apenas tenemos palabras, y es cierto. Pensamos “uf”, para ellos sí funciona el “sistema”. Falso. Creemos que funciona porque, de nuevo, ponemos el objetivo en alcanzar estándares que no tienen en cuenta su personal perfil y potencial, sino el de la media. Rinden “mejor” que los demás, pero ¿rinden tanto como podrían hacerlo?.. quizá no, pero “son felices”, quizá no, pero “ya lo harán”, quizá no, pero “¿por qué “presionarles”?

Pues para ellos también hemos de procurar un contexto educativo aún más retador. Y eso implica también relacionarse con aquellos que les pueden ofrecer un estimulo para esforzarse y seguir creciendo. Para ellos a menudo el problema es que se encuentran de algún modo en la “cima” de las referencias de sus compañeros. Son el compañero que estimula a los demás, pero no tienen a nadie que les estimule a ellos. Sus notas pueden no bajar, pero poco a poco pueden ir rebajando sus expectativas de aprendizaje, sus metas incluso.

Siempre olvidamos que construimos nuestra identidad en relación a otros. Sí, nos vemos “guapos” o “feos”, altos o bajos, capaces o no, en relación a aquellos con los que nos comparamos. Esta comparación -que es sana en condiciones “normales”- nos permite construir nuestra identidad. “Somos” en un contexto social. Cuando, en ese contexto, siempre somos el que más destaca, podemos estar generando una autoestima construida sobre pilares inadecuados. Sentirse el mejor siempre, sin altibajos, sin un verdadero esfuerzo, es una autoestima menos sólida que la que se construye a base de ciertos reveses y con un verdadero esfuerzo.

No lo olvides:

El rendimiento no es sólo fruto de su capacidad, sino también de sus fortalezas internas y de desarrollar apropiadas estrategias de aprendizaje que ponen en marcha cuando su motivación se activa.

La motivación tampoco es un “complemento” de la capacidad. Está ligada a nuestros intereses, depende además del contexto, que puede bloquear o estimular esta capacidad, y requiere sin duda de una meta, un objetivo, que siempre es personal.

El Desarrollo Emocional y Social de los alumnos con Alta Capacidad

Todos estos temas son los que se desarrollan en la nueva publicación de la editorial UNIR, “El desarrollo emocional y social de los alumnos con alta capacidad”. Una publicación de gran importancia en el campo del desarrollo del talento y las altas capacidades por abordar de forma clara aspectos emocionales que, hasta la fecha, no habían sido tratados o no lo habían sido con el rigor y solidez que aquí se tratan.

Este libro es una traducción -que he tenido el privilegio de realizar bajo la dirección técnica y revisión del profesor Tourón- del original editado por Neihart, Pfeiffer y Cross, y publicado por la NAGC en el 2015.

Llega por fin en castellano para que familias, docentes y quizá, quién sabe, la administración, podamos consultar cuáles son las variables que afectan al desarrollo emocional y social del alumnado con alta capacidad.

Os destaco un párrafo de su contraportada:

“recoge las conclusiones de las investigaciones realizadas en los últimos tres lustros en diversos países, en aspectos como la motivación, el perfeccionismo, la mentalidad de crecimiento o el bajo rendimiento, entre otros muchos, para darnos las claves sobre cómo podemos modular el entorno educativo, la respuesta académica y el estilo de crianza para favorecer un desarrollo emocional y social positivo de los niños con alta capacidad. Los editores Neihart, Pfeiffer y Cross, concluyen que “el contexto y la cultura importan” y que ninguna medida será efectiva si el contenido académico no ofrece el nivel de reto adecuado para cada alumno. En este sentido, las conclusiones nos sirven para reflexionar ampliamente sobre nuestra práctica educativa, no sólo en relación con este alumnado, sino con el de todos. ¿Qué estamos haciendo mal? ¿Qué deberíamos hacer mejor o de otro modo y por qué?”

Sinopsis en “El Desarrollo Emocional y Social de los Alumnos con Alta Capacidad” Ed. UNIR, enero 2020

Aquí podéis echar un vistazo a algunas de sus páginas interiores:

Ver Libro El Desarrollo Emocional de los alumnos con Alta Capacidad

Aprovecho también para presentaros un nuevo espacio de este blog. Un espacio multidisciplinar para responder a las necesidades de las familias con niños con alta capacidad, en relación a la identificación, evaluación y aspectos relacionados con la escuela y sus estrategias de aprendizaje, desde el que esperamos serviros más y mejor:

https://aacclarebeliondeltalento.com/familias-altas-capacidades/

7 Comentarios »

  1. Cuando recibí el diagnóstico de mi hijo mediano, me eché a llorar. Supe en aquel momento que todos los problemas del mayor, de 16 años, iban a ser por esta causa. Llevabamos un par de años malos en el colegio y yo hasta que asocié uno con el otro, del que sí me habían comentado que podía ser de aacc, no entendía lo que estaba pasando. Todavía hoy en día me descubro a veces pensando que tener un coeficiente de 160 es, con perdón, un puta mierda, lenguaje que nunca en la vida he utilizado. Cuando una compañera que estaba al tanto de que estabamos esperando el diagnóstico me preguntó le dije que podía darme la enhorabuena o el pésame, según viera…

    Mi hijo mediano se motivó y el mayor por fin se relajó y se entendió y aunque no quiere oir hablar para nada de aacc y no se deja ayudar mucho, ha empezado a tirar para adelante. Yo por mi parte me lo he tomado como un reto, son mis hijos y si nosotros no luchamos por ellos, quién lo va a hacer. Creo que la formación es ante todo fundamental. Sí hay camino, solo hay que ir buscándolo. No son los primeros ni los últimos aacc y creo firmemente que pueden ser felices, por supuesto.

    Cuando me descubro pesimista me doy cuenta que el problema lo tengo yo, no ellos, que no estoy bien en ese momento y busco la forma de hacer algo para mejorar. Estoy de acuerdo que notan y rechazan las actitudes negativas que tenemos y que captan sin que lleguemos a decir nada. Para mí no haberme enterado hasta que surgieron los problemas fue un mazazo porque si he hecho algo a lo largo de esos 16 años fue atender a mis hijos. Además soy profesora, y no fui capaz de verlo hasta que mi hijo empezó a hundirse.

    Creo que ahora estoy mucho más preparada y procuraré que mis otros dos hijos no pasen nunca por lo que pasó el mayor. A nivel profesional también se me ha abierto un campo inexplorado. No me voy a callar por cada alumno que veo ahora en las clases y no está diagnosticado, sobre todo, los que tienen bajo rendimiento. Y ahora ya sé un poquito más por donde tirar y que necesitan.

    Mucho ánimo, Pablo, y somos nosotros los que tenemos que estar a la altura. Nuestros hijos son maravillosos tal y como son.

    Un abrazo

  2. Me cuesta mucho entender la primera frase de esta entrada:
    “Tu hijo o hija tiene altas capacidades. ¡Enhorabuena!”
    Para nosotros, las AACC de nuestro hijo han supuesto mucho sufrimiento por sus problemas de integración, noches sin dormir y grandes preocupaciones. Afortunadamente, después de mucho trabajo y esfuerzo estamos ahora mejor pero nunca se me ocurriría decir a alguien que recibe un diagnóstico de AACC: “Enhorabuena!”
    Si pudiera elegir preferiría que mi hijo no hubiera tenido que pasar por todo lo que ha pasado y no veo que tener un hijo con AACC sea un motivo de felicitación.

    • Sinceramente, no se qué decirte. Entiendo que para decir algo como que “preferiría que mi hijo no tuviera aacc”, has debido pasarlo mal. Pero al mismo tiempo pienso en tu hijo, que tiene, no lo olvides, una gran capacidad para percibir el lenguaje no verbal, y en cómo se debe sentir notando que es una carga para su padre, soportando al tiempo el rechazo a sus cualidades desde la escuela, el entorno, y su familia”. El reto de tener un hijo con alta capacidad es precisamente tener padres capaces de afrontarlo que trabajen para que se valoren a si mismos, y no para que renuncien a si mismos en pro de una “integración”, porque así, “tendremos menos problemas”. Es curioso, nunca he escuchado a padres con niños down decir nada semejante. Ellos si tienen el arrojo y la valentía para adaptarse y valorar a sus hijos tal como son y enseñarles que a pesar de las dificultades, el mundo está lleno de posibilidades para ellos. Quizá la clave es pensar en lo que ellos necesitan por encima de lo que nosotros deseamos. Espero que la situación siga mejorando. Un abrazo

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