Efecto Pigmalión.. ¿Qué expectativas transmitimos a nuestros estudiantes?

Autora : Barbara Backburn.

¿Realmente tienes grandes expectativas sobre tus estudiantes?. Seguro que si, jamás he escuchado que un profesor diga “No espero gran cosa de mis alumnos”. Pero la cuestión es que a veces tenemos bajas expectativas ocultas sobre algunos estudiantes.

Hace años, cuando empezaba mi carrera como maestra, varios profesores me “advirtieron” sobre Daniel, un chico nuevo en mi aula. Daniel realmente dio veracidad a los comentarios de estos profesores (en realidad, respondió a ellas). A pesar de mis esfuerzos, mis expectativas sobre él fueron bajando, al tiempo que las palabras “me advirtieron” resonaban en mi cabeza. Le trate tal y cómo las advertencias de mis compañeros me indujeron a hacer.

Desde el principio, no importa lo que otros nos digan, tenemos que estar en guardia para asegurarnos que mantenemos altas expectativas sobre cada uno de nuestros estudiantes.

Nuestro comportamiento nos delata.

Por supuesto que podemos pensar que esperamos mucho de cada uno de los niños en nuestra aula, pero podemos no transmitir esta expectativa con nuestras acciones. Por el contrario, nuestras acciones pueden, inconscientemente, minar estas expectativas. Cuando esto ocurre, podemos estar seguros de que nuestros estudiantes lo advierten rápidamente.

Robert Marzano ha invertido décadas en investigar la práctica docente efectiva. Él, junto a otros investigadores han constatado que cuando esperamos mucho de nuestros alumnos, les tratamos de forma diferente. Les preguntamos con más frecuencia, les damos más tiempo para responder y les dejamos explicar sus respuestas. ¿Con qué frecuencia fallamos en usar estas mismas estrategias con nuestros alumnos con dificultades?.

Se que cometí este error cuando era nueva. Quinn tenía problemas en mi clase, y nada de lo que yo hacía parecía funcionar. Acabé poniéndolo en la última fila y, mientras no se portara mal, jamás le mencionaba o le animaba a participar.

A pesar de que decía que esperaba que todos mis alumnos aprendieran, no era lo que le mostraba a Quinn. Y el captó mi mensaje. Un día, mientras hablábamos de su comportamiento en clase, me dijo “¿Por qué debería intentarlo? Usted no piensa que lo pueda conseguir“. Esto me abrió los ojos. Estaba tan preocupada porque se portara bien y que no interrumpiera la clase, que me conformé con dejarle ser un aprendiz pasivo. Mis acciones reflejaban las expectativas de mi subconsciente.

El problema no es que no nos importe.

Otro año tuve una situación similar con Clarisa. Ella era brillante pero no confiaba en su capacidad para sobresalir. Su falta de autoestima académica le generó dificultades de aprendizaje. Estaba bloqueada y no podía aprender nada nuevo o retador. Yo quería subir su autoestima así que le planteaba ejercicios más sencillos. En lugar de problemas matemáticos complejos, le mandaba resolver problemas simples. En lugar de libros de lectura complicada,  a ella le daba libros sencillos, cortos o que incluso ya había leído. Quería que sintiera que podía hacer lo que le pedía.

Ella me importaba pero no me estaba dando cuenta de que no estaba haciendo bien mi trabajo. No le estaba enseñando a aprender y crecer, la dejé mantenerse dentro de su “zona de confort”. Al hacerlo, le estaba diciendo que no esperaba que pudiera hacerlo mejor. Una vez más, a pesar de que mis palabras le alentaban a esforzarse y le decía que esperaba mucho de ella, mis acciones no lo reflejaban.

Debemos mostrar con nuestras acciones en el aula, nuestras expectativas sobre cada alumno.

¿Qué acciones definen nuestras expectativas?

Muchos investigadores han descrito qué acciones específicas reflejan bajas expectativas sobre nuestros alumnos. He usado las categorías descritas por Robert Marzano (2010), sobre nuestro tono afectivo y nuestras interacciones académicas para hacer un resumen :

ACCIONES QUE REFLEJAN BAJAS EXPECTATIVAS.

TONO AFECTIVO

INTERACCIÓN ACADÉMICA

Menor contacto visual

Sonries menos

Menos contacto físico

Se sienta más lejos.

Estableces menos conversaciones ligeras, o bromas.

Usas lenguaje condescendiente del tipo “Esta bien, ya lo harás mejor la próxima vez”

Muestra una actitud molesta

Le nombras con menos frecuencia

Esperas menos tiempo por sus respuestas.

Le planteas menos preguntas retadoras.

Le preguntas menos de forma específica.

Indagas menos en sus respuestas.

Le felicitas por respuestas menos rigurosas.

Le das las respuestas sin dejar que las busque por si mismo.

Usas modelos simples de presentación y evaluación.

No exiges que presente los deberes a tiempo.

Usas comentarios como “Anda, me sorprende que hayas acertado”.

Usas menos elogios.

Lo contrario también se da. Cuando tenemos altas expectativas sobre nuestros alumnos también actuamos de una foma determinada. ¿Cuáles de estas acciones reconoces?

ACCIONES QUE REFLEJAN ALTAS EXPECTATIVAS

TONO AFECTIVO

INTERACCIÓN ACADÉMICA

Más contacto visual

Más sonrisas

Más contacto físico

Se sienta cerca de ti.

Entablas conversaciones intranscendentes o bromas.

No usas un lenguaje condescendiente

Le nombras más a menudo

Le das más tiempo para responder

Le planteas preguntas que suponen un mayor reto.

Le preguntas de forma específica

Indagas en sus respuestas.

Le exiges rigor en sus respuestas para ser premiado.

Usas modelos complejos de presentación y evaluación.

Exiges los deberes en el plazo indicado

Usas más halagos.

Me he dado cuenta que muchas veces actuamos de esta forma inconscientemente, sin darnos cuenta que lo estamos haciendo. Es importante estar atentos a los actos que pueden reflejar alta o baja expectativa de forma que podamos monitorizarnos a nosotros mismos, y modificar nuestra conducta si es necesario.

La motivación lleva al éxito.

Los profesores deben mostrar altas expectativas para cada uno de sus alumnos, más aún cuando nuestros alumnos tienen bajas expectativas sobre si mismos. Es vital que examinemos nuestros prejuicios para asegurarnos que somos capaces de dar una oportunidad de éxito también para aquellos estudiantes con dificultades. Después debemos analizar nuestro comportamiento para determinar si son reflejo de lo que pensamos.

Haciendo que nuestras acciones y nuestra palabras muestren altas expectativas respecto al rendimiento de cada uno de nuestros alumnos, no sólo motivamos a nuestros alumnos con dificultades, sino que les ayudamos a lograr mayores éxitos.

Artículo publicado en MiddleWeb, Traducido por La Rebelión del Talento.

—–

PIGMALION NEGATIVO

Bien, ¿Tiene algo que ver lo expuesto con el alumnado de altas capacidades? Tiene mucho que ver. Muchos de estos alumnos padecen lo que los psicólogos llaman “Efecto Pygmalión Negativo” y que no es más que una adaptación de la conducta y rendimiento académico a las expectativas que el maestro o el centro, o incluso el sistema vuelcan sobre él. Cuando no existe un plan de intervención educativa específica para este alumno, las expectativas sobre su rendimiento se igualan, en el mejor de los casos, a las expectativas sobre el resto del alumnado. Pero puesto que su capacidad de aprendizaje es mayor, al esperar de ellos lo mismo que del resto, en realidad estamos mandándoles la señal de una baja expectativa en términos de relación con su potencial. De esto modo el alumno tiende a pensar que quizá su potencial no es tan alto, que quizá no es cierto que pueda rendir a un nivel superior, que quizá no es siquiera inteligente. Y como consecuencia de ello desarrolla baja autoestima académica que, como a Clarisa, le provoca bloqueos que generan a su vez dificultades de aprendizaje. El alumno, a pesar de su potencial o de su rendimiento superior, rechaza ahora el aprendizaje, las tareas, y cualquier nuevo reto que su educación le plantea. Si no observamos este comportamiento a tiempo, y no actuamos sobre su origen, pronto el alumno empezará a mostrar un bajo rendimiento y provocar que todo su entorno dude de su capacidad, ahondando, aún más, en el origen de su comportamiento.

Es por esto que la intervención educativa eficaz, el mantener altas expectativas, también sobre este alumnado, retar y estimular su potencial y sacarles de su zona de confort, es tan importante para ellos como lo es para los alumnos con dificultades y el resto de la clase.

Ahondando en este concepto, transcribimos aquí las conclusiones publicadas en la revista educativa del csif de andalucía:

Las expectativas del profesor: factor determinante

Desde 1964 se han realizado numerosas investigaciones sobre la influencia de las expectativas (prejuicios, pronósticos, anhelos e intencionalidades) de los docentes tanto en el rendimiento como en la conducta de los alumnos. Todo apunta a la conclusión de que las expectativas del profesor suponen uno de los factores más poderosos en el rendimiento escolar de sus alumnos. Por lo que, si un profesor espera buenos resultados de sus alumnos, el rendimiento de éstos se aproximará mucho más a su capacidad real que si los espera malos. 
“Los pronósticos se hacen realidad”, es una expresión que aparece en la mayoría de los estudios anglosajones, quienes han acuñado la expresión “self fulfilling prophecy” (profecía autocumplida) para referirse al fenómeno en el que las expectativas tienden a realizarse.
 El “efecto Pygmalión” en el aula es uno de los datos más uniformemente confirmados en la psicología actual, por lo que una relación cordial entre profesor y alumno, así como una fe auténtica por parte del profesor en la posibilidad de superación del alumno, es difícil que, al menos a largo plazo, no favorezcan resultados positivos. Debemos señalar que en este proceso la fe del educador en sus propios recursos desempeña un papel de suma importancia. Un maestro con altas expectativas sobre si mismo, tendrá a su vez altas expectativas sobre su alumnado.

Principales conclusiones que se han verificado del “efecto Pygmalion” en el aula:

  1. Las expectativas positivas y realistas del educador influyen positivamente en el alumno (“pygmalión positivo”); las negativas lo hacen negativamente (“pygmalión negativo”). Tanto es así que los educadores más eficaces se suelen distinguir por su actitud de “pygmaliones positivos”, y los menos eficaces por lo contrario.
  2. Los alumnos tienden a realizar lo que sus “pygmaliones positivos” o “negativos” esperan de ellos; en términos generales, las expectativas negativas parecen comunicarse más fácilmente que las positivas. También el comportamiento no –verbal del “pygmalión” es más influyente que el meramente verbal.
  3. Las expectativas positivas y realistas del “pygmalión positivo” no hacen sino potenciar lo que ya está de modo latente en el alumno, creando en el aula un ambiente más proclive al crecimiento y aprovechamiento de éste, proporcionándole más información, respondiendo con más frecuencia e interés a sus esfuerzos, dando más oportunidades para ser preguntado y dar respuestas, …. El profesor, con sus palabras, el modo de decirlas y el momento de decirlas, con la expresión de su cara, sus gestos, el contacto visual…, en definitiva, con su forma de tratar al alumno, comunica a éste el concepto positivo que su persona le merece, despertando así en él una mayor autoconfianza y autoestima, que le alienta y le motiva a rendir más y mejor.
  4. Finalmente, la efectividad del “efecto pygmalión” depende en gran medida de la autoestima del propio “pygmalión”. Generalizando, podríamos decir que, el mejor “pygmalión positivo” de sí mismo es el mejor “pygmalión positivo” de sus alumnos. Esto es, el educador que posee una alta autoestima con frecuencia es el más efectivo a la hora de inspirar una autoestima más elevada en sus alumnos.

Para finalizar, recomendar a los docentes que, siguiendo normas de reconocidos psicopedagogos como Purkey y Coopersmith, pusiesen todo de su parte para crear en sus aulas un ambiente caracterizado por los siguientes factores:

  1. RETO, esto es, que propongan metas altas pero alcanzables, para que su alumno pueda descubrir su capacidad de rendimiento.
  2. LIBERTAD de equivocarse, para que el alumno aprenda a tomar decisiones propias, sin temer a equivocarse, a ser rechazado o humillado, y que se sienta libre de amenazas y chantajes.
  3. RESPETO pleno a la persona del alumno, porque si se le trata con verdadero respeto, su autorrespeto aumentará y aprenderá a respetar a los demás.
  4. CORDIALIDAD, pues se ha comprobado que existe una correlación positiva entre la cordialidad del educador en el aula y la autoestima del alumno.
  5. DISCIPLINA, porque se ha demostrado que los jóvenes educados en un entorno excesivamente permisivo suelen tener menos autoestima que los formados en un entorno razonablemente estructurado, firme, exigente y, a la vez, cordial. Esto es, una disciplina que brote del interés cordial del educador por el alumno.
  6. ÉXITO, es decir, un estilo educativo más orientado a fomentar y facilitar el éxito que a subrayar y corregir el fracaso, ya que, generalmente, nos percatamos más de nuestros recursos a través del éxito que del fracaso. El elogio adecuado es más conducente al rendimiento escolar satisfactorio que la crítica y la corrección punitiva.

 

Os dejamos aqui un significativo video : “Efecto Pygmalión o la autoprofecía cumplida”:

 

“La vida de un niño es como un trozo de papel en el que todos los que pasan dejan una señal”

(Proverbio chino)

Bibliografía y Referencias:

Barbara Blackbun (autora del artículo ¿Tenemos grandes expectativas sobre nuestros estudiantes?) es autora de éxito de 15 incluidos Motivating Struggling Learners: 10 Ways to Build Student Success. Una experta reconocida en las áreas del rigor, persistencia y motivación, colabora con diferentes escuelas y distritos para el desarrollo profesional. Puedes seguir a Bárbara en su website or her blog. O en Twitter @BarbBlackburn.

Puedes ver el artículo original en este enlace : http://www.middleweb.com/24030/do-we-really-have-high-expectations/

Bibliografía: Marzano, R. J. (September, 2010). High expectations for all. Educational Leadership, 68 1. ASCD.

Efectivo Pygmalión negativo : enlace completo al artículo http://www.csi-csif.es/andalucia/modules/mod_ense/revista/pdf/Numero_28/INMACULADA_BANOS_GIL_01.pdf

10 comentarios sobre “Efecto Pigmalión.. ¿Qué expectativas transmitimos a nuestros estudiantes?

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