Las relaciones sociales en los niños de Alta Capacidad.

Los niños de alta capacidad suelen ser pre-juzgados como niños con pocas habilidades sociales, niños solitarios que huyen del resto, niños que no saben o no quieren trabajar en grupo, participar en juegos con el resto de sus compañeros o torpes en deportes de equipo, niños introvertidos que se encierran en si mismos. ¿Qué hay de cierto en todo esto?. De nuevo los estudios estadísticos llevados a cabo con alumnos de alta capacidad nos traen conclusiones interesantes y nos acercan a la verdad que se esconde tras este estereotipo :

Todos necesitamos relaciones personales cercanas para desarrollarnos. Y es un hecho que algunas personas consiguen estas relaciones con más facilidad que otras. En este sentido, los niños de alta capacidad no son distintos del resto.

Es cierto que algunos niños de alta capacidad encajan en este estereotipo, pero la mayoría encuentran la forma de superar sus diferencias y construir relaciones de amistad de calidad. Si además los adultos cercanos entienden cuáles son los retos que deben superar a la hora de establecer estas relaciones, podrán facilitar sus esfuerzos para hacer amigos.

Para hacer esto, es importante conocer que todos los seres humanos estamos biológicamente predispuestos a interactuar con otros que son cognitivamente similares a nosotros (Almack, 1992; Guo,2006). En este sentido el agrupamiento basado en la edad que promueve la escuela fuerza a muchos niños de alta capacidad a desarrollarse en un marco social donde encuentran pocos o ningún par intelectual y, a menos que los adultos intervengan para crear oportunidades que permita a estos niños interelacionarse entre si, sus opciones de encontrar amigos cercanos se verán muy reducidas o les obligarán a realizar un esfuerzo mayor.

Pero más allá de que puedan desarrollarse en un marco educativo apropiado, algunos estudiantes seguirán teniendo dificultades para hacer amigos. Su desarrollo asincrónico (Silverman 2012), con una capacidad de procesamiento cognitivo que supera muchas veces a su desarrollo emocional, social, o físico, necesariamente conlleva cierto desajuste con sus compañeros de clase.

Y esto sucede incluso en un marco donde todos los niños son de alta capacidad, puesto que ellos también muestran diferencias entre si, lógicamente. Algunos niños de alta capacidad son emocionalmente inmaduros, mientras otros son emocionalmente muy maduros. Algunos muestras una gran asincronía entre su desarrollo físico y mental, con una talla y destrezas motoras similares a los del resto de niños de su edad, pero con una capacidad mental muy alejada. Por supuesto, todos los niños presentan cierto grado de asincronía, ninguno se desarrolla de forma 100% homogénea en todas las facetas. Pero esta asincronía es más pronunciada en los niños de alta capacidad. Y esta situación es especialmente más destacada en los niños altamente dotados, que mostrarán una disparidad mucho mayor.

Por supuesto, algunos niños y jóvenes de alta capacidad sienten que sus compañeros les ven como uno más (6%), pero es más elevado el porcentaje que piensa que sus compañeros les perciben como “diferentes” (26%), y esta diferencia suele derivarse de una percepción de que les gusta trabajar sólos y de una forma más “seria”. Muchos estudios muestran que los niños y jóvenes de alta capacidad prefieren trabajar sólos, como consecuencia de un ambiente en el que no se sienten apoyados por sus compañeros. Esta falta de apoyo – incluso cierta hostilidad- es bastante común (Bishop et al., 2004), especialmente en las etapas de secundaria y bachillerato, lo que genera sentimientos de soledad.

En estas situaciones, algunos mecanismos sociales pueden ayudar, como por ejemplo, participar en actividades extracurriculares orientadas a niños de alta capacidad, pero otras son de poca ayuda o incluso dañinas, como negar la propia capacidad, llevando incluso al sufrimiento psicológico o a la pérdida de oportunidades educativas.

Las aulas excluyentes, el desarrollo asincrónico, los sentimientos de diferencia, compañeros que no muestran apoyo, el etiquetado y estigmatización de las diferencias, entorpecen el desarrollo de lazos de amistad efectivos. Sin embargo, en el marco adecuado y con un desarrollo correcto de las habilidades sociales, los factores que acompañan las altas capacidades no son nunca un impedimento para el desarrollo de realaciones afectivas y de amistad con el resto de sus compañeros.

¿Qué conclusiones aporta la investigación?

En los primeros años, las altas capacidades intelectuales pueden ser una ventaja en las relaciones con sus compañeros (Cohen, Duncan & Cohen, 1994). De hecho, Adler, Kless y Adler (1992) encontraron que sobresalir en la escuela es percibido positivamente entre el resto de compañeros en los primeros años de primaria.

Pero, alrededor de 4º de primaria, este alto rendimiento académico se ha convertido ya en un “potencial estigma humillante”, especialmente entre los niños. Mientras, quien destaca en deportes es percibido más positivamente, y esta tendencia se acentúa en los cursos posteriores, los mapas sociales realizados muestran cómo los estudiantes de los últimos cursos de primaria, secundaria y bachillerato valoran más positivamente a aquellos compañeros que son relevantes en los deportes, dominantes, listos o ingeniosos, pero no estudiosos mientras los estudiantes brillantes y estudiosos, que no destacan en deporte son elegidos en último lugar.

Así, los estudiantes de alta capacidad que no muestran interés por la actividad física suelen enfrentarse con problemas a la hora de conseguir relaciones de amistad valiosas. Aunque esta falta de interés puede estar debida a un verdadero rechazo por la actividad física, pueden también haber otros factores que no se suelen tener en cuenta, como pueden ser el rechazo a tocar la arena, exceso de perfeccionismo (miedo a no ser campeón), ansiedad respecto a las interacciones con el resto del equipo, etc.. En estas circunstancias podemos tentar al niño a practicar deporte con actividades de bajo riesgo y deportes individuales, lo que redundará en su autoestima y reconocimiento social.

Por supuesto también existe el peligro de que la actividad deportiva este restando valor a la actividad académica. El alumno de alta capacidad que también destaca en deporte (y los hay), puede verse tentado a dedicar mucho más tiempo al deporte, una actividad que le reporta mayor recompensa social, que a la solitaria actividad de estudiar, por lo que el aprendizaje por proyectos y colaborativo cobra aún más importancia para este alumnado.

Las relaciones de amistad se construyen sobre un cúmulo de interacciones entre iguales y la atracción mutua esta basada en la reciprocidad e intereses compartidos.

Los niños de alta capacidad que son populares muy probablemente han aprendido habilidades sociales tales como reciprocidad y negociación. En un estudio realizado por Peairs (2010), los estudiantes de alta capacidad se presentan, en general, como más populares que otros compañeros, pero si existe un subgrupo con pocas habilidades sociales que si se sienten rechazados por el grupo. Los adultos, padres, familiares, educadores, suelen pasar por alto esta falta de habilidades sociales, cuando son tan importantes para desarrollar relaciones positivas entre sus compañeros, lo que afecta también al desarrollo personal y profesional.

Sin embargo, esta necesidad de construir relaciones de amistad efectivas o tener un rol social saludable, no debe, por otro lado, mal-entenderse hasta el punto de tratar de “transformar” al menor en pro de su “sociabilidad”. Los estudios sobre la personalidad humana demuestran que algunos individuos tienden de forma natural a la extroversión -preferencia por una mayor estimulación e interacción con otros-, mientras otros tienden a la introversión -preferencia por una menor estimulación e interacción con otros-. Sak (2004) encontró mayores porcentajes de estudiantes de alta capacidad que a su vez son introvertidos (49%), que individuos introvertidos sin alta capacidad (35%) en una sintésis que recopilaba datos y conclusiones de otros 19 estudios sobre este aspecto.

Recientes estudios sobre la extroversión correlacionan negativamente con la inteligencia, posiblemente, si el deseo de estar cerca de otros es grande, el tiempo que se invierte en tareas intelectuales y, en consecuencia, el resultado que se obtiene en los test es menor. Y lo mismo ocurre con los niños de alta capacidad que encuentran mayor estímulo en las actividades intelectuales, por lo que emplean menos energía en cultivar sus relaciones sociales. Si el niño no sufre por la falta de estas relaciones, hemos de dejar que se desarrolle de la forma que le es más natural y reconfortante.

Es falso que sean torpes socialmente

Los estudios realizados no evidencian, ni tan siquiera sugieren que los niños de alta capacidad tengan más probabilidad de ser socialmente torpes. De hecho, en los estudios realizados, la mayor parte de ellos muestran altos niveles de competencia social y satisfacción con sus relaciones de amistad (Lee, Olszewski-Kubiius, &Thomson, 2012). Las áreas en las que más destacan algunos de estos niños sí pueden influir e inclinar la balanza, ya que aquellos que destacan en sus habilidades verbales tienen más dificultades para ocultarse, mientras los niños con alta capacidad lógico-matemática se ven expuestos con menos frecuencia en sus relaciones de ocio. (Lee et al., 2012; Pearis, 2010).

Cómo afecta la cultura del aula en las relaciones de amistad de los niños de alta capacidad.

Por virtud de su capacidad, podríamos asumir que muchos niños de alta capacidad tendrían buenos resultados académicos. Sin embargo, según la teoría social de Festingers (1954), cuando los amigos de un niño de alta capacidad empiezan a ser conscientes de su alto rendimiento, pueden desarrollar sentimientos negativos hacia sí mismos. Sus amigos dotados, toman consciencia de estas situaciones y pueden optar por evadirse o rechazar algunas oportunidades académicas para no dañar los sentimientos de sus amigos.

Las interacciones de igualdad en las que se basa la amistad se ven amenazadas por el éxito académico. Los maestros -y los padres- pueden incluso incrementar desintencionadamente este problema cuando recompensan en exceso al alumno de alta capacidad o tratan de inspirar al resto de la clase poniéndolos en el foco de atención, como ejemplo a seguir o destacando sus trabajos. Los estudiantes con altas capacidades en aulas con profesores que hacen mención a la jerarquía académica, tienen menos amigos al final del curso que aquellos estudiantes con profesores que no lo hacen. (Mikami, Griggs, Reuland, and Gregrory, 2012).

Estos estudiantes no siempre quieren que sus amigos sepan lo bien que lo han hecho. En nuestra cultura puede uno presumir de sus méritos deportivos, pero rara vez se acepta con la misma naturalidad y alegría cuando uno destaca por méritos académicos. Muchos alumnos describen sus resultados sobresalientes como “suerte”. La mayoría de los estudiantes de bachillerato muestran preferencia por un reconocimiento anónimo. Otros rechazan sobresalir para que sus relaciones sociales no se vean afectadas. Aún así, algunos alumnos no tienen problemas en mostar esta excelencia frente a sus compañeros, asumiendo, sin embargo, que esta actitud les traerá problemas a nivel relacional y de amistad, especialmente las niñas.

Destacar en el ámbito académico puede también convertirte en el foco de amenazas -físicas, sociales o emocionales- y esto, de nuevo, puede hacer que bajen su rendimiento académico deliberadamente. Los programas para niños de alta capacidad que les aislan de su grupo (aulas de enriquecimiento puntuales, actividades o programas que no comparten con sus compañeros, medidas de ampliación que sólo se aplican a ellos, etc…) pueden ahondar en el sentimiento de recazo y aislamiento. Los niños se sienten “señalados” y lo viven como una “injusticia”, según muestran los estudios realizados por Hertzogs 2003, Grobman, 2009, Exline & Lobel 1999, entre otros.

Otros estudios realizados entre centros educativos específicos, programas especiales para niños de alta capacidad y centros educativos genéricos muestran como en aquellos centros donde los maestros aplican estrategias de motivación y enriquecimiento para todo su alumnado, permitiendo de forma natural y sin clasificaciones distintos ritmos de aprendizaje, las relaciones afectivas y sociales de los niños de alta capacidad se desarrollan con naturalidad y de forma positiva, incluso en el caso de los altamente dotados. Asi mismo, en estos ambientes, la incidencia de Bullying o acoso escolar se minimiza o es inexistente.

En conclusión, la investigación muestra como aquellos centros que ponen un fuerte énfasis en el éxito y desarrollo del potencial de todos sus alumnos favorecen las interacciones positivas entre su alumnado. (Bishop 2004, Peters & Bain 2011, Peterson & Ray, 2006).

Conclusiones.

Los niños de alta capacidad se encuentran en una delicada situación. Con la capacidad para destacar en lo académico o el ámbito creativo por encima de sus compañeros de edad, una cultura de aula con gran enfásis en la competitividad o comparación puede interferir en sus relaciones y generar rechazo. Los adultos de su entorno deben observar los comportamientos que pueden derivan en un ambiente social no deseado y evitar la comparativa entre alumnos.

Es muy importante que los niños de alta capacidad tengan la oportunidad de relacionarse con sus pares intelectuales. Pero las similaridades cognitivas no garantizan una simpatía mutua. Los niños, todos, deben trabajar sus habilidades sociales, aprender a aceptar y valorar las diferencias, los distintos estilos de juego o intereses de entretenimiento. Los padres debemos evitar volcar sobre ellos nuestros pre-juicios o recelos y no comparar a nuestros hijos entre si. Cuando los niños crecen, el éxito académico deja de ser la variable que lo mide todo, otra redes de relaciones se abren y el talento que cada niño oculta florece y da su fruto. La escuela debe ser un lugar donde los niños puedan compartir experiencias y enriquecerse de las diferencias, y no un lugar para la insana competitividad o para establecer falsos “ranking” de éxito.

Es por todo esto, que favorecer una cultura donde el talento, la inteligencia, la excelencia académica, también sea valorada como un aporte social y donde los niños, todos, también los de alta capacidad, puedan ser ellos mismos, aprender a su ritmo, desarrollar sus intereses, sin sentir que deben ocultarse para no ser “señalados”.

Extracto del capítulo 4 del libro “Social and Emotional Development of Gifted Children, What do we know?”, publicado por la NAGC y editado por Maureen Neihart, Steven Pfeiffer y Tracy L. Cross. Capitulo escrito por Jennifer Riedl Cross. Este libro aborda los mitos y pre-juicios sobre las necesidades emocionales y sociales de los niños de alta capacidad desde las conclusiones de los diversos estuidos realizados entre niños de alta capacidad. Concluyendo desde la investigación, y no desde la opinión.

6 comentarios sobre “Las relaciones sociales en los niños de Alta Capacidad.

  1. Magnífico y dando en el clavo, como siempre. Queda claro que quienes se dedican en profundidad a realizan estudios serios pueden llegar a entender el motivo que subyace tras las apariencias.

    Dentro de mi propia experiencia, la amplia mayoría de la gente, en concreto los que suelen entrar desde un principio dentro de los ‘cánones estándar generados por nuestra sociedad’, no son capaces de entender lo que nos hace diferentes como personas; mucho menos empatizar con intereses, puntos de vista o maneras de ser, de pensar o de actuar que difieran algo más que ligeramente de las suyas. Algunos lo consiguen con el tiempo, normalmente ayudados por experiencias de la vida que les llevan a planteamientos más profundos sobre su realidad personal y a contrastarla con la de los demás. Sin embargo son pocos en el conjunto global, el resto no solo no evolucionan sino que involucionan en este sentido, entrando en un estado de temor a lo diferente, defendiéndose irracionalmente y en masa, intentando arreglar lo que no está roto y/o apartándolo a un lado, la mar de las veces de manera inconsciente. Creo que de ahí viene en gran parte la enorme dificultad que supone ‘concienciar’ sobre casi cualquier tema a la sociedad en su conjunto. Como soléis decir, ‘no se atiende porque no se entiende’; dándole una vuelta de tuerca más yo añadiría ‘y no se entiende porque ni se intenta ni se quiere entender’, que es aun peor.

    Además, tal y como se extrae del artículo, esta situación se fomenta en un modelo de escuela igualadora, ‘no inclusiva’. Como tantas veces la teoría está clara pero por diferentes motivos, como reticencia, inmovilismo, desgana, miedo…, etc., aun no se ha puesto en práctica en la mayor `parte del sistema, asegurando de esta manera la perpetuación del origen del problema. Por eso es ciertamente tan importante la labor que estáis haciendo, para conseguir ‘concienciar y ‘movilizar’ al sistema educativo, para romper este ciclo y por el bien de todos.

    Un saludo.

    1. Gracias Jorge por tus palabras de ánimo, que son siempre tan importante para nosotras. Es feed-back que nos alimenta.. :-).. Esta claro que siempre que juzgamos a los demás desde nuestra realidad, sin la capacidad o el conocimiento de ver la realidad desde los ojos de la otra persona, erramos y hacemos daño. Y a los niños, jóvenes y adultos se les juzga casi siempre con la medida de un estándar en el que parece que todos debemos encajar, o al menos tener la capacidad y decisión de fingir que encajamos. Y fingir o decidir seguir siendo uno mismo, tiene sus consecuencias para estos niños y jóvenes. Pero no es “su” problema, sino el de una cultura de lo “estándar”. Un abrazo.

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