¿Qué hizo de Edison un inventor persistente?

La Educación de Thomas Edison

La historia de un hombre que aprendió a perseverar, a aprender de cada “fracaso”, a buscar soluciones diferentes, a interconectar el conocimiento de varias áreas, que vivió la pasión de descubrir, gracias a una educación libre y experimental.

En 1854 el Reverendo G.B. Engle subestimó a uno de sus estudiantes, de 7 años, Thomas Alva Edison, tachándolo de “tonto o retrasado”. Esto encolerizó al pequeño quien salió furioso de su escuela, la Port Huron de Michigan, la primera y única escuela formal a la que nunca volvió.

Su madre, Nancy Edison, lo llevó de vuelta al día siguiente para discutir la situación con el Reverendo Engle, pero ella también acabó enojándose ante su inflexibilidad. Todo se precipitó para el niño. La señora Edison sacó a su hijo de la escuela, a la que sólo había acudido por 3 años, y decidió educarle en casa. A pesar de que parece que acudió brevemente a otras dos escuelas, puede afirmarse que la formación académica de su infancia, tuvo lugar en su casa.

Así surge la leyenda de Thomas Alva Edison, nacido el 11 de Febrero de 1847, considerado el inventor americano más prolífico, con 1.093 patentes, entre las que se encuentran las maravillas del microscopio, el receptor telefónico, el teletipo bursátil, el fonógrafo, el cine, la fotocopiadora, y la lámpara incandescente, a pesar de no haber sido escolarizado.

Por muchos años, dió la imagen del inverosímil “genio hecho a sí mismo”: 1,78 de altura, ojos grises, pelo largo y desgreñado, -que parecía cortarse él mismo-, pantalones holgados desteñidos, zapatos descuidados, y manos descoloridas por los experimentos químicos. Más tarde decidió vestir con ropas más civilizadas, siempre de negro, hasta el punto de que en más de una ocasión los viandantes le confundían con un sacerdote y le saludaban con respeto, llevándose la mano al sombrero.

Edison probablemente obtuvo una educación mucho mejor que el resto de los niños de su tiempo, o del nuestro. Y no porque su madre tuviera una formación acreditada, quién había ido a la escuela, pero por poco tiempo. Y no porque sus padres fueran adinerados, eran pobres y vivían en los suburbios de una ciudad en decadencia.

El secreto de la Sra. Edison fue simplemente que prestó más dedicación que el que hubiera mostrado ningún maestro y tuvo la flexibilidad de experimentar con distintas formas de enriquecer y alimentar la pasión de su hijo por aprender. “Ella evitaba forzarme o presionarme, e hizo un esfuerzo por encauzar mi interés, leyéndome libros de buena literatura e historia, que ella misma había aprendido a amar. Era, de hecho, una gran lectora”, relata el biógrafo de Edison, Matthew Josephson

Thomas Edison se sumergió en estos grandes libros y, antes de los doce, ya había leído las obras de Shakespeare y Dickens, “La Caída del Imperio Romano” de Edward Giboon, “Historia de Inglaterra” de David Hume y muchos más.

Gracias a su devoción y observación, Nancy Edison descubrió formas sencillas de alimentar el entusiasmo de su hijo. Le compró un libro de ciencia, “Escuela de Filosofía Natural” de R.G. Parker, que explica cómo realizar experimentos químicos en casa. Edison mencionó que este fué “el primer libro de ciencias que leí siendo un niño”, hacía que aprender fuera divertido, y realizó cada uno de los experimentos que aparecían en este libro. Después Nancy le compró “El Diccionario de la Ciencia” que estimuló aún más su interés. Se volvió un apasionado de la química, y gastaba cada céntimo en comprar compuestos químicos en una farmacia local, coleccionando probetas, cables y otros elementos para sus experimentos. Construyó su primer laboratorio en el sótano de su casa en Port Hurton.

Así, Josephson indicó : “Su madre consiguió aquello que los verdaderos grandes maestros hacen por sus alumnos : Supo llevarle a un estadio en el que aprendía por si mismo, aprendiendo aquello que más le estimulaba e interesaba, y le animaba a seguir por esa senda”. En efecto, era lo mejor que pudo hacer por un niño tan particular. Como el propio Edison destacó : “Mi madre es la que me forjó. Ella me entendió y dejó que siguiera mis propias tendencias”.

Sam Edison, su padre, desaprobaba cada minuto que su hijo “desperdiciaba” en el sótano. Así que en ocasiones ofrecía a su hijo un penique para que siguiera leyendo literatura. A los 12 años, por ejemplo, Thomas leyó “La Edad de la Razón” de Thomas Paine (un libro sobre Teología). “Aún recuerdo el destello de comprensión que salía de sus páginas”, recuerda. Como era de esperar, sin embargo, Edison usó esos peniques ganados para comprar más sustancias químicas para sus experimentos en el sótano.

Pero Thomas Edison había descubierto el “juego intelectual”. Él quería aprender todo lo que pudiera sobre motores de vapor, electricidad, baterías, electromagnetismo, y especialmente sobre el telégrafo. Samuel F. B. Morse le había atraído a grandes multitudes cuando inventó el telégrafo en 1838, y las líneas telegráficas ya se habían extendido a lo largo del país, para cuando Edison estaba llevando a cabo sus experimentos. La idea de transmitir información a través de un cable le tenía completamente fascinado. Usó trozos de metal para construir un telégrafo y practicar el código Morse. A través de estos experimentos, aprendió más y más sobre la electricidad.

Cuando las líneas de tren de la compañía “Grand Trunk Railroad” llegó a su ciudad en 1859, consiguió un trabajo de “chico de los periódicos” en el trayecto de ida y vuelta a Detroit. Durante un año, buscó formas de aprovechar el tiempo en las 5 horas de tiempo muerto que duraba la estancia del tren en Detroit. Obtuvo el permiso para trasladar su laboratorio al vagón de equipaje, lo que le permitió continuar con sus experimentos. Esto funcionó durante un tiempo hasta que el tren tuvo una sacudida en la que se derramaron algunas sustancias químicas y el laboratorio se incendió.

En 1862, un accidente de tren le causó heridas en sus orejas. Con 15 años, empezó a perder oído. Así pareció pensar que un niño con discapacidad sin ninguna titulación, debía aprender todo aquellos que le interesase por su cuenta. De esta forma, intensificó su auto-aprendizaje.

La sordera probablemente me derivó hacia la lectura”, confesó más tarde. Fue uno de los primeros en usar el carnet de la librería pública de Detroit, con la tarjeta de socio número 33, de la que sistemáticamente leía cada libro estantería por estantería. Se apasionó con la obra de Victor Hugo, “Los Miserables”, hasta el punto que sus amigos le apodaban “Victor Hugo” Edison.

Sin embargo, lo que más fascinaba a Edison era la ciencia. Devoraba libros sobre electricidad, mecánica, análisis químicos, tecnología y más. Experimentó con los principios de Isaac Newton, lo que le llevó a decantarse por temas prácticos y no teóricos.

El Placer de Aprender.

Desde su condición de niño educado en casa, un joven hecho a sí mismo, Edison aprendió lecciones que le serían útiles toda su vida. Aprendió que formarse era su propia responsabilidad. Aprendió a tener iniciativa. Aprendió que podía obtener conocimiento práctico, inspiración y sabiduría leyendo libros. Aprendió a descubrir todo tipo de cosas desde los métodos de observación.

Aprendió que la educación es un proceso continuo y placentero.

A los 20 años Edison consiguió un trabajo como operador itinerante en el telégrafo de la Western Union, trabajo en el que destacó por su eficiencia y efectividad. Trabajó en Cincinati, Lousiana, Indianápolis, Menphis, Boston y Nueva York. Cuando más aprendía sobre el telégrafo, más quería aprender. Montaba y desmontaba los equipos hasta que aprendía su funcionamiento, experimentaba con formas para mejorarlas. Pensaba que un mayor conocimiento de la química le ayudaría, así que buscó viejas tiendas de libros y pedía libros de química desde Londres y París. Llenaba las habitaciones que alquilaba con sustancias químicas y desperdicios de metal para sus experimentos.

Un socio comentó : “Gastaba todo su dinero en comprar aparatos y libros, no podía comprar ropa. Ese invierno andaba por allí sin un abrigo, y casi se congela”.

El conocimiento de Edison y su iniciativa le llevó a una impresionante serie de inventos: El teletipo bursátil, del que más tarde, rellenaría patentes de docenas de sucesivas mejoras, y que se convirtió en un equipo estándar en América y Europa como el teletipo bursátil para el lingote de oro y la cotización de moneda extranjera. Desarrolló un método para trasmitir 4 mensajes de forma simultánea a través del mismo cable. Una curiosidad intensa alimentada por su educación en casa, le condujo a convertirse en el mejor técnico americano en telégrafos.

Desde su experiencia práctica, Edison aprendió a sacar lo mejor de las oportunidades inesperadas. Por ejemplo, en Julio de 1877, estaba probando un telégrafo automático que tenía una aguja que leía las muescas en las tiras de papel. La aguja de repente empezó a moverse muy rápido y, a través de las muecas y la fricción, generó un sonido que llamó la atención de Edison.  Pensó que “Si una aguja podía producir un sonido inintencionado a través de las muecas de un papel, podría también producir sonidos intencionados, en cuyo caso debería poder reproducir la voz humana”.. ¡Una máquina que habla!

El 17 de Diciembre de 1877 presentó la solicitud de patente del fonógrafo (“sonido escrito”), el invento de Edison más original. También fue algo que él no buscó inventar, a diferencia de la bombilla, los sistemas de generación de potencia, y otros famosos inventos en los que él deliberadamente trabajó.

Con un una mente flexible y abierta, Edison disfrutó de una importante ventaja en la carrera de la luz eléctrica. Mientras otros inventores trabajaban buscando la baja resistencia de los arcos eléctricos (entonces usados en las casas), lo que requería grandes cantidades de potencia eléctrica y cable de cobre – la parte más costosa del sistema eléctrico, Edison consideró lo contrario: un sistema de alta resistencia que pudiera necesitar menos potencia y menos cable de cobre. En Enero de 1879, en el laboratorio que estableció en Menlo Park, New Jersey, Edison había fabricado su primera luz incandescente de alta resistencia. Funcionaba transmitiendo la electricidad a través de un fino filamento de platino en una bombilla de cristal cerrado al vacío, para retrasar la fundición del filamento.

Pero la lámpara funcionaba sólo por una o dos horas. Mejorar su uso requirió toda la persistencia que Edison aprendió de niño. Testó muchos otros metales. Pensó en el volframio (tungsteno), el metal que hoy se usa en las bombillas, pero no pudo trabajar con él con las herramientas disponibles en aquella época. “Antes de dar con ello probé con no menos de 6.000 plantas vegetales, y busqué por todas partes filamentos del material más adecuado”. Lo que mejor funcionó, los filamentos carbonizados de fibra de algodón.

Éste ha probado ser uno de los inventos más desconcertantes de Edison. “La bombilla eléctrica me ha costado la mayor cantidad de estudio y ha requerido los más elaborados experimentos”, escribió. “Nunca me desalenté, o perdí la esperanza de conseguirlo. No puedo decir lo mismo de ninguno de mis otros socios de investigación”.

Aclamado como “El genio de Menlo Park”, Edison con frecuencia veía opciones donde otros habían fallado, porque él nunca había dejado de formarse a sÍ mismo en diferentes tecnologías. Gracias a sus lecturas sobre los últimos desarrollos de las lentes fotográficas pudo enlazar su nueva cámara de grabación de películas con un mejorado fonógrafo, capturando el sonido de forma sincronizada con la imagen. Así, Edison desarrolló lo que llamamos el “Cinemascope” capaz de proyectar estas “imágenes que hablan” en una pantalla.

En 1887 Edison construyó un laboratorio en West Orange, New Jersey, diez veces más grande que su primera instalación en Menlo Park. Una vez al día, Edison se daba un tour por esta vasta instalación para comprobar qué se estaba fraguando, pero pasaba la mayor parte del tiempo en la biblioteca donde podía reflexionar sobre nuevas ideas.

A medida que envejecía, Edison se convirtió en un hombre grueso y duro de oído, pero se mantuvo tan entusiasta como siempre sobre la búsqueda del conocimiento práctico sin límites. En 1903, contrató a Andre Rosanoff, un ruso formado en química en Paris, que le preguntó por las reglas del laboratorio. “¡Diablos!”, Edison bufó, “¡No hay reglas aquí! ¡Estamos tratando de conseguir algunos logros¡”.

Después de la muerte de Edison, el 18 de Octubre de 1931, su ataúd fue colocado en su amada librería de West Orange para recibir las condolencias. Rosanoff identificó la llave de la fama de este viejo hombre : “Si Edison hubiera ido a la escuela formal, no hubiera tenido la audacia de crear todas estas cosas imposibles”.

——

Este artículo no es, en modo alguno, una soflama para romper con la escolarización de los niños. Pero sí es una reflexión sobre los valores y habilidades que trabaja la escuela. Hoy, como en el siglo XIX, convertimos a niños curiosos que quieren experimentarlo todo, en autómatas que repiten lo que otros le enseñan. Hoy como en el siglo XIX no atendemos a los intereses particulares de cada niño, dejando que asuman la responsabilidad de su propio aprendizaje, y que busquen sus propias fuentes de información, guiados por mentores que sepan, como hicieron sus padres, despertar otros intereses complementarios. Hoy, como en el siglo XIX, enseñamos las materias de forma parcial y sesgada. Hoy, como en el siglo XIX, no entendemos que la experimentación es la base del aprendizaje, que la innovación parte de la capacidad para cuestionártelo todo, que para ser capaces de avanzar, hay que perder el miedo al fracaso y perserverar. Persistencia, valor para emprender, no dejar nunca de aprender, no dar las cosas por sentadas, auto-motivación, creer en uno mismo y saber conectar ideas y conocimientos, son las enseñanzas más importantes que la escuela y la familia nos pueden dejar como legado.

Edison aprendió a persistir, a relacionar ideas, a buscar el conocimiento, a buscar las soluciones desde otra perspectiva. APRENDIÓ A DEJAR FLUIR LAS IDEAS EN SU MENTE. Su pasión le llevó a estar en el entorno adecuado y rodearse de personas adecuadas que le aportaban nuevo conocimiento, y nuevas conexiones. Todo el engranaje funcionó adecuadamente, porque su mente estaba en la disposición de crear.

Y ésto, tan sólo ésto, es lo que debe ser la escuela. Un entorno donde aprender a dejar fluir las ideas de la mente, encontrar nuestra pasión, experimentar con ella, y relacionarnos con otros que complementen nuestro trabajo.

Extracto  del artículo original en inglés :

http://fee.org/freeman/the-education-of-thomas-edison/

8 comentarios sobre “¿Qué hizo de Edison un inventor persistente?

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