En busca del ideal de la igualdad (vs. Excelencia).

Imaginen una sociedad donde no hubieran grandes atletas que compitan en las Olimpiadas; ni actores con talento que compitan por un Oscar; tamnpoco hay científicos que aspiren a un Nobel, ni bellezas por la mención de Miss Universo.

Todos somos iguales. En realidad no lo somos, no podemos serlo. Pero, en esa sociedad, estamos obligados a fingir que somos iguales, y a esconder nuestras diferencias“.

El ideal de igualdad se ha cumplido.

Una reflexión honesta de por qué hay que apoyar a los estudiantes de altas capacidades.

Os traemos un artículo publicado en octubre de 2015 en Estados Unidos donde se reflexiona sobre la necesidad de encontrar el equilibrio entre la excelencia y la equidad. Pues la equidad mal entendida y la igualdad, de nuevo, mal entendida y aplicada, ha arrastrado a varias generaciones de estudiantes de altas capacidades a ser absolutamente invisibles para la sociedad.

Los autores, Jonathan Wai y Frank C. Worrell conocen a fondo la situación en la que se encuentra Estados Unidos:

Jonathan Wai es un científico de investigación en el Programa de Identificación de Talento de la Universidad de Duke; también gestiona el blog de Psychology Today “Encontrar el próximo Einstein: ¿Por qué la inteligencia es relativa”.

Frank C. Worrell es profesor en la Escuela de Graduados en Educación de la Universidad de Berkeley, donde es Director de la facultad del Programa de Desarrollo de Talento Académico, el College Preparatory Academy California, y el Programa de la Escuela de Psicología.

¿Por qué estamos apoyando a los alumnos, excepto a nuestros estudiantes más talentosos?

Por Jonathan Wai y Frank C. Worrell

Hoy en día, los mejores atletas compiten en los Juegos Olímpicos. Las personas con más talento artístico compiten por nuestra atención en los cines y en Netflix. Y las personas más inteligentes – los Taylor Wilson, los Albert Einstein, o los Elon Musk – compiten para inventar algo que cambie el mundo. Estos pocos notables se esfuerzan para alcanzar los pináculos de la excelencia.

Pero imaginen una sociedad futura donde nada de eso sucede. En su lugar, hacia el año 2081, todo el mundo es literalmente igual, no hay diferencias entre los individuos.

Como Kurt Vonnegut, Jr. escribió en Harrison Bergeron:Nadie era más listo que los demás. Nadie era más guapo que otros. Nadie era más fuerte o más rápido que el resto. Todo esto se debía al derecho de igualdad recogido en las enmiendas 211ª, 212ª, 213ª de la Constitución, y a la incesante vigilancia de los agentes de la “Dirección General de Discapacidad” de los Estados Unidos.

Nos gusta celebrar los triunfos de los grandes atletas, como Usain Bolt o Nadal y los de artistas como Justin Bieber o Viola Davis. El éxito de los programas de televisión como “Héroes” y de películas como “Spider Man” o “X-Men”,, que revelan claramente nuestra fascinación por las personas que poseen poderes especiales o dones. Sin embargo, uno no siempre se siente cómodo celebrando los logros de aquellos que poseen dotes intelectuales.

¿Tal vez esto se debe a que creemos que la atención a los mejores estudiantes significa que estamos descuidando a todos los demás, y se reduce la equidad?

Paradójicamente, la realidad es que sin prácticamente fondos asignados por el Gobierno Federal para los estudiantes más capaces, es evidente que se está apoyando a todos los alumnos, excepto a los estudiantes con más talento.

Los estudiosos de la política educativa, Frederick Hess y Andrew Rotherham, ponen de manifiesto la tensión entre los ideales de equidad y de excelencia, señalando que: “históricamente, siempre ha habido una tensión inevitable entre los esfuerzos para reforzar el concepto americano de competitividad “(léase: aumentar el rendimiento de los estudiantes de élite, especialmente en ciencias, matemáticas e ingeniería) y aquellos que promueven la equidad educativa. Campeones de determinadas iniciativas federales tienden a argumentar que las dos nociones son complementarias, pero la historia nos demuestra que el ascenso de uno de los conceptos tiende a distraer la atención que se puede prestar al otro “.

La visión de futuro de Vonnegut es, obviamente, una versión extrema de este retrato de la equidad – una sociedad donde todos, no somos iguales en realidad, pero nos vemos obligados a ser igual. Las personas atractivas tienen que usar máscaras. Los grandes atletas deben arrastrar un lastre. Y cualquier persona que está a punto de tener un pensamiento inteligente es interrumpida por un ruido terrible, que suena a través de un dispositivo en su oído.

Vivimos en un tiempo donde la equidad ha tomado relevancia sobre la búsqueda de la excelencia, al menos en la educación pública. Con la excepción de historias ocasionales, los prodigios intelectuales como Taylor Wilson son abandonados para valerse por sí mismos. En este caso, Wilson tuvo la suerte de tener unos padres que tenían los recursos y el tiempo para asegurarse de que su talento fuese completamente desarrollado. Pero muchos otros potenciales “Taylor Wilson”, especialmente los procedentes de medios desfavorecidos, no son tan afortunados. Cuando nos centramos exclusivamente en la equidad, perdemos en la excelencia. Perdemos mentes brillantes y las innovaciones que podrían traernos. Mejoras para la sociedad y para nuestras vidas.

Si redefinimos el modo en que pensamos acerca de la equidad como la manera de ayudar a cada estudiante a aprender a su ritmo de forma natural – una educación apropiada y gratuita para todos, y no sólo para las personas con discapacidad -, observaremos que esta conceptualización de la equidad, de hecho, también promueve la excelencia. Así, cuando un niño de altas capacidades crece para ser un científico excelente y desarrolla la cura para una enfermedad, descubre una nueva fuente de energía, o inventa el siguiente programa o dispositivo que pueda cambicambia nuestras vidas, él o ella ha creado algo para todo el mundo. Cuando crean un sistema para ayudar a niños ciegos o sordos a estudiar en un aula inclusiva, estan trabajando a favor de esta equidad.

En pleno 2015, esperamos que nuestro futuro nunca sea como la que se imaginó Vonnegut. Él escribió Harrison Bergeron en 1961, durante la Guerra Fría y justo después de que la Unión Soviética lanzara el Sputnik. Tom Clynes escribió sobre la historia edificante de un niño, Taylor Wilson, que lo consiguió. Vonnegut escribió una historia que nos advierte acerca de cómo nuestra sociedad podría llegar a ser si llevamos nuestros valores culturales demasiado lejos, en una única dirección, la de la igualdad.

Si queremos activar el renacimiento en la educación de los más capaces por el que Tom Clynes está abogando, debemos seguir apoyando a los estudiantes en cada nivel educativo, asegurándonos de que invertimos en todos ellos. Y esto incluye a los estudiantes de altas capacidades provenientes de medios desfavorecidos que actualmente tienen poco apoyo debido a la pobre asignación educativa del Gobierno Federal. Así, necesitamos ciudadanos educados de todos los segmentos de la sociedad y poner el objetivo de la educación en ayudar a que cada uno llegue tan lejos como su potencial le permita.

Del mismo modo que admiramos abiertamente a aquellos con talento deportivo o con atractivo, también debemos admirar y celebrar abiertamente los logros de las personas con talento intelectual. Debemos hacer cosas como el Concurso Nacional de MATHCOUNTS o el Scripps National Spelling Bee tan venerado, o espectáculos como America’s Got Talent y Dancing With the Stars, o incluso la Super Bowl. Como los atletas y actores de enorme talento que entretienen e inspiran a millones de personas, un científico de enorme talento o un gran médico también tocan muchas, muchas vidas.

Valorando y apoyando a nuestros estudiantes de altas capacidades, no sólo estaremos apoyando a que cada estudiante pueda aspirar a la excelencia y a su realización personal en cualquier campo que elijan, sino que, en última instancia, estaremos ayudando a nuestra economía y a nuestra sociedad a alcanzar su máximo potencial.

Para leer el artículo en inglés:https://medium.com/bright/why-are-we-supporting-everyone-except-our-most-talented-students-d122ab08bad4#.ssn40uf3s


Todas las personas somos valiosas. Todas las personas tenemos la oportunidad de superarnos a nosotros mismos y alcanzar nuestros sueños con práctica, esfuerzo, trabajo, un entorno adecuado y un poquito de suerte. Pero hoy en día la escuela trata de impulsar las habilidades de todos los niños, excepto las de los niños de alta capacidad, convirtiéndolos así, en alumnos -y ciudadanos- de 2º categoría.

Simplemente, ellos también tienen derecho a que la escuela sea un catalizador de su potencial. También tienen derecho a ser impulsados sin que les pongan freno.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s