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Y tú ¿Cómo lo supiste?

En todas las entrevistas me hacen la misma pregunta ¿Cómo supiste que tus hijos tenían alta capacidad? (Bueno, en realidad me preguntan “¿Cómo te diste cuenta que tus hijos “eran superdotados”?”, pero ya sabéis que no es una cuestión de “ser o no ser” (Javier Tourón), y que “superdotado” no es un término adecuado ni aceptado por la academia).

Y la verdad es que no tengo una respuesta para esta pregunta. Y observo que tampoco la tienen la mayoría de padres. No sé muy bien qué respuesta se espera. Casi siempre digo que me di cuenta porque consiguieron muchos de los hitos de desarrollo antes que el resto. Levantar la cabeza, sonreír, fijar la mirada, observar, coger los objetos (con firmeza y seguridad), reaccionar, reconocer a las personas, librarse de los pañales, hablar, leer, facilidad con los puzzles, preguntar (con verdadero interés y profundidad y sobre temas complejos), y que tenían desde pequeños una opinión firme y formada sobre todo lo que les atañe, claro que a esa edad se limitaba a su ropa, su comida y sus juegos o entretenimiento. Pero, no es cierto, no me di cuenta por eso. De eso me he dado cuenta después, volviendo la vista atrás, cuando ya sabía el por qué.

Eso es lo que dicen los medios, los listados de rasgos que “deben” cumplir estos niños, lo que nos dicen que es más o menos común en más o menos muchos de ellos, lo que se puede reconocer de un modo más o menos “objetivo”.

Pero lo que de verdad le deja a uno pensando no es nada de eso, sino su capacidad para comprender de un modo global y sencillo aquello que incluso para los adultos, resulta demasiado abstracto y complejo. Son expresiones, conclusiones, razonamientos que ellos dicen como si fuera la cosa más natural del mundo y a ti te dejan perpleja, porque necesitas un tiempo para encontrar las conexiones que a ellos les parecen tan evidentes. Es esa facilidad para ver lo que para ti esta oculto bajo los convencionalismos y la rutina. Son los atajos que encuentran evidenciando cómo tantas veces los adultos hacemos las cosas de forma enrevesada y absurda.

Una capacidad para observar la realidad desde un prisma mucho más analítico. El atrevimiento de probar a hacer cosas que son “de mayores” con la determinación propia del que “entiende” lo que hay que hacer. El empecinamiento de hacerlo todo “solos”.

Si quieren algo, simplemente lo hacen. Salir de la cuna -aún no se cómo me lo encontraba en medio del pasillo-; hacerse un zumo de naranja -qué susto cuando lo encontré subido a una silla, cuchillo en mano, con sus pañales como único colchón- o cuando la pequeña con 17 meses cogió la cuchara y dijo “ya como yo sola mamá, tu ve a atender al bebé”, y te quedas allí mirando, sin saber muy bien si debieras dejarles hacer o, cómo se espera a esa edad, intervenir y moderar, pero les ves tan seguros que no te atreves, te retiras, aún pensando si no estarás siendo demasiado confiada, sino pasará algo que haya que lamentar. Pero su mirada, su actitud, no te deja opciones. Su seguridad es mayor que la tuya, su determinación te amilana. Y acabas por dejarles hacer.

Y así se inicia una dinámica en la que tu sueltas las riendas que ellos te van reclamando, en las que van madurando a otra velocidad.

¿Y tú, que quieres ser de mayor? – “yo millonario” – ¡Muy bien hijo, para eso tendrás que estudiar mucho”. “No es cierto, tú has estudiado mucho y no eres millonaria”.

3 años

¿Por qué no contestas cuando te pregunta tu profe? Porque no entiendo porque me pregunta algo que acaba de explicar. -porque quiere saber si tú lo entendistes. “Si lo acaba de explicar, ¿por qué no iba a entenderlo?”

4 años

“Si todos venimos de la misma partícula del Universo, entonces, cuando hacemos daño a la Naturaleza, o cuando se la hacemos a otra persona, nos hacemos daño a nosotros mismos”

5 años

“Si el mundo es redondo, no existe izquierda ni derecha, porque si caminas mucho tiempo hacia tu derecha, acabas en tu izquierda”

6 años

“Lo que mejor se me da en la escuela, es hacerme el tonto” -¿El tonto? Pero hijo, en la escuela deberías demostrar todo lo que eres capaz para que tu profesora lo sepa y no te haga repetir las cosas. – “No es cierto, cuando acabo antes o demuestro que sé algo, me da más ejercicios para repetir lo mismo, si finjo que no lo sé, me hace repetir menos”.

6 años

¿Por qué tengo que hacer todas estas sumas? – porque te las ha mandado tu profesor. Ya pero ¿por qué me las manda? -para que practiques lo que has aprendido. No lo entiendo, si ya sé hacerlo, ¿para qué tengo que repetirlo?

cada año, cada curso, cada día de la semana

Es cualitativo y no cuantitativo

Cuando decimos que aprenden a leer, a sumar, a hablar, “antes” estamos destacando únicamente una cuestión cuantitativa. Cómo la escuela estructura el aprendizaje de un modo lineal, la respuesta a “antes” es “más”. Si acabas las fichas de sumas antes, simplemente te dan más. Con más cifras, o con números más altos, creyendo que así aumentan la dificultad. Pero una vez que entiendes la mecánica de una suma o una multiplicación, que comprendes la naturaleza de los números, da igual que éstos sean más o menos grandes, porque ellos no han memorizado el resultado de sumar dos más tres, o cuatro más dos, y, en consecuencia, están preparados para memorizar cuánto son siete más dos, o cinco más seis. No.

Ellos han entendido, interiorizado, desgranado, la naturaleza, dinámica y alcance de los números y las operaciones entre ellos.

Lo que viene después no es hacer más operaciones, para memorizar más y más resultados, sino saber qué hacer con ellas, qué problemas te ayudan a resolver, qué aplicaciones prácticas tienen, qué misterios del Universo te ayudan a descifran, con qué se relaciona y cuál es la siguiente estructura compleja a la que dan paso.

Empezamos a sospechar cuando observamos que la escuela supone una especie de tortura para nuestros hijos, y buscas las razones. Entonces, alguien, por lo general su tutor o alguno de sus maestros, te dice, “si quieres que adapten el aprendizaje a su perfil, debes antes conseguir que le identifiquen y evalúen”.

Así, cada semana me escribe al menos algún padre ¿Cómo hacer para que la escuela reconozca que mi hijo o hija tiene alta capacidad? y algún tiempo después me escriben para contarme que por fin consiguieron identificarlo, incluso que sus maestros hicieran “algo”…. Pero ese algo, siempre es “más”.

Algunos ejercicios o lecturas adicionales, algunos cuadernos en el “rincón de enriquecimiento”, algún proyecto -dirigido y aislado-, en el aula de “enriquecimiento”, algunas horas a la semana e incluso la aceleración parcial o total. Pero, me cuentan, sus hijos siguen aburridos, apáticos, y desconectados de la escuela y su aprendizaje. Se apagan y no saben cómo evitarlo. Me preguntan, ¿qué más debo pedir? Y solo puedo decir “otra escuela”.

Puedo entender que la práctica común no sea la de ofrecer un aprendizaje retador, puedo entender que no se sepa cómo y que sin apoyo del propio centro, todo es más complicado. Pero no puedo entender encontrarme arduos debates que aún defienden que la escuela debe enseñar datos (le llaman conocimiento, pero el conocimiento, implica entendimiento y el entendimiento implica aplicación, relación y transferencia, no mera repetición), y no dotarlos de significado, contexto y aplicación. Saber quién fue Napoleon y los hechos clave de su biografía como gobernante, no implica conocer cuál fue la importancia de su figura, las implicaciones de sus decisiones, qué y por qué le llevó a actuar como lo hizo, de dónde surgieron sus aspiraciones de conquistar Europa, quién le influyó y cómo y por qué tomo las decisiones finales que le llevaron a su declive y a que se desmoronara su proyecto de Europa. Ni las implicaciones de todos esos sucesos en el contexto actual y futuro, ni qué hubiera pasado si su proyecto hubiera tenido éxito…..

No les deis más si además no les dais un ¿POR QUÉ? Cuando les dais simplemente “más” su mente se bloquea por el aburrimiento de un aprendizaje que se mantiene plano y superficial, preguntándose ¿Para qué tengo que aprender esto? ¿En qué medida me ayuda a comprender mejor el mundo que me rodea? ¿Cómo se aplica, para qué sirve, por qué es relevante? ¿De qué modo me ayudará a enfrentarme a los retos de mi vida personal y profesional a comprender y resolver los grandes retos de la humanidad?

No resulta tan extraño de comprenden cuando conoces cómo se construye el pensamiento. Todos somos conscientes de que nuestro cuerpo físico y destrezas motoras maduran a distinto ritmo y de distinto modo, en cada niño. Aceptar que nuestro cerebro también muestra diferencias madurativas y de funcionamiento, no debería resultan tan extraño o dudoso como aún lo es para algunos.

Cuando tu capacidad para percibir es mayor, tu cerebro reacciona procesando más, el ejercicio de este “trabajo” genera diversas conexiones neuronales y a mayor nº de conexiones, mayor conectividad. Y todo esto sucede en un momento en que aún nadie esta dirigiendo su pensamiento y por eso, éste se construye divergente, en todas direcciones, libre de convencionalismos, estereotipos, estructuras prefijadas o el límite de lo conocido. Se acostumbran a ver, observar y pensar de forma global, general, relacionada.

Entonces empieza la escuela y allí de repente, resultan extraños. No porque sean “extraterrestres”, sino porque cuestionan un aprendizaje lineal y operativo, orientado a acumular datos sin ningún objetivo más allá del examen y demandan un aprendizaje holístico, relacionado, metacognitivo que se orienta hacia un objetivo retador de comprensión y solución que les lleva a crecer y responder al ¿por qué? y ¿para qué?

¿Sólo se lo preguntan “ellos”? ¿O todos se lo preguntan, cada día, en cada aula? ¿Y por qué no les responden?

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Bibliografía:

“Yo tengo razón, tú estás equivocado”. Edward De Bono. Ed. Sirio

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10 Comentarios »

  1. Más que vergüenza porque tuviera (o tenga, o tengan) alta capacidad, que no me avergüenzo en absoluto. Era por plantearlo, no fuese a resultar que al final “no lo era” y yo quedase como la madre arrogante que está en la inopia y se cree que su hijo es la pera… Fíjate que cuando estaba en 1º de Primaria, en una conversación con la directora del cole (porque la situación era ya insostenible) se me ocurrió comentar que tal vez su mal comportamiento en clase se debía a que ya sabía los contenidos (ya digo que yo entonces no sospechaba de AACC, pero me constaba que mi hijo era inteligente)… Pues.la mujer se me rio en la cara.

    • Si, lo se.. pero forma parte del estigma. Va un padre a hablar con el entrenador porque piensa que su hijo es muy bueno, y nadie se ríe. Pero piensas que a tu hijo el reto de la escuela se le queda corto y llueven los adjetivos de engreída, o vete a saber qué. Pero son más límites que nos ponemos que otra cosa, cuando la gente ve que lo asumen con total normalidad, también reaccionan con normalidad.. salvo, bueno, alguna ignorante que le pueda parecer causa de risa, pero contra eso lo único que cabe son argumentos y seguridad, exigir los derechos y mantenerse firme. Muchas gracias por todos los comentarios y por tu experiencia. Espero que consigas un desarrollo equilibrado para tus hijos, tal como merecen. Un abrazo.

  2. Yo con el mayor no lo habría sabido de no ser por otras personas… Cuando empezó a tener problemas con 6 años, un compañero de trabajo me lo sugirió y yo deseché la idea (tenía, como casi todos, una idea equivocada de lo que son las AACC). Cuando empezó a pedirme un cambio de colegio con 9 porque se aburría, empezó el runrún… pero me resistía a creerlo. Cuando, con 10 años, un padre de 3 AACC me lo sugirió después de pasar con él apenas media hora, me quité toda la vergüenza de encima y pedí una evaluación. Ahora, con 14, en su instituto me dicen que mi hijo es AACC “de libro” y se preguntan cómo nadie lo vio antes…

    La pequeña fue más así, una capacidad de análisis sorprendente, de comprender cosas complejas y relacionar ideas a una edad temprana. Pero claro, ahí ya sabía yo en qué me tenía que fijar. Su profesora de Infantil (una buena profesora a pesar de todo) no lo veía…

    • “me quité la vergüenza”.. lo que hay que quitarse es sentir vergüenza porque tu hijo tiene alta capacidad. Siente vergüenza por no educarlo bien, porque no sea buen amigo, porque avasalle o agreda, porque falte al respeto.. pero ¿Por tener alta capacidad?, por eso no se puede sentir vergüenza… y si, ya sé a lo que te refieres, lo entiendo. Pero si como padres no somos capaces de transmitir no sólo normalidad sino orgullo y satisfacción como el que cualquier padre siente de sus hijos, ¿Cómo podemos exigir que la escuela les trate con normalidad? Estamos cooperando a la falta de un entorno retador, en el que destacar no sea un estigma.

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