Un truco de Magia

Se podría decir que la Escuela de Pensamiento matemático hace magia alimentando la pasión por aprender de estos niños. Pero son los niños los que provocan esa magia… José Manuel Gómez Quesada mátemático, profesor de la ESO, nos cuenta cómo descubrió la magia que sus alumnos llevaban dentro.

“El último día de campamento, tras charlar con un padre, me quedaron muchas cosas claras sobre la labor de la Escuela. Hablamos de su hijo, un niño al que le encanta la ciencia, le entusiasma leer y disfruta como nadie aprendiendo cosas nuevas. De hecho, se lo había pasado estupendamente con nosotros en el “Campamento con imaginación: la ciencia en tus manos”. Sin embargo, en las clases diarias del curso escolar, no sentía el mismo entusiasmo. Resultaba que estaba desmotivado y refrenaba su naturaleza porque no quería parecer un bicho raro a los ojos de los demás. Pese al aliento de los padres, que le animaban y le insistían en que no se dejase llevar por opiniones de otros, la presión externa era más fuerte.

Y digo que me quedaron muchas cosas claras porque por fin comprendí porqué estos niños, después de un intenso día de colegio, y de montones de actividades, deciden venir a la Escuela de Pensamiento Matemático y seguir “trabajando” durante un par de horas más. La clave es sencilla: es realmente divertido. No todos tenemos las mismas inquietudes, los mismos gustos… pero a todos nos gusta pasarlo bien.

Los niños con altas capacidades son niños que devoran el conocimiento, pero no de cualquier manera: estos niños, si ven un truco de magia, no se dejan impresionar con el efecto sino que se preguntan a qué se debe, tratan de comprenderlo y de reproducirlo. Asi, cuando se les da la libertad de aprender a su ritmo y de trabajar temas que llaman su atención, lo disfrutan de un modo especial. Y mucho más si son ellos mismos los que los crean en lugar de dárselos “prefabricados”.

En mi caso en particular, he podido comprobar que estos alumnos van un paso por delante del resto en este sentido, y que, cuando se topan con una dificultad, en lugar de decir que es imposible, se sientan a pensar dónde está “el truco”. Les sorprendería la de veces que he escuchado, como profesor de Secundaria, que una actividad era imposible. ¿Quiere saber si usted conoce a alguien con altas capacidades en alguna materia? Propóngale un problema que tenga una solución ingeniosa (pero no evidente). Si de primeras escucha un “esto no se puede hacer” o “no hay manera”, entonces, sabrá que la persona que tiene ante sus ojos no posee altas capacidades en ese campo. Sin embargo, si se sienta a pensar, a estudiar por dónde atacar el reto, entonces está ante una persona con posibles altas capacidades. Por supuesto, este experimento no es suficiente para saber si alguien tiene una alta capacitación en algo, pero es una pista importante.

De esta clase de niños les estoy hablando: ¿se sorprendería si le digo que me han llegado a pedir que les enseñe a resolver sistemas de ecuaciones (concepto programado según la Ley actual de Enseñanza para niños de 14/15 años) alumnos que no tienen más de 11 y que ni siquiera saben lo que es una ecuación?

Y es lógico si miramos el mundo con sus ojos: aunque todavía no han aprendido lo que es una ecuación, sienten que necesitan de esa herramienta para resolver el “enigma” que tienen delante. Si tuviéramos que colocar un cuadro en la pared, no golpearíamos el clavo con la mano desnuda sino que buscaríamos un martillo. Pues esa necesidad de generar herramientas (en este caso matemáticas) es algo tan natural para estos niños como extraño en las aulas de la mayoría de los colegios. Por eso ellos, cuando vienen a la Escuela se sienten como en casa.

Pero esto no es una actitud puntual en un niño en concreto… les mencionaré otros ejemplos: han pedido trabajo extra, traído sus propios problemas e ideas, han aportado información que ellos mismos se han preocupado de encontrar, nos han planteado curiosidades y paradojas… ¡y todo por su propia voluntad! Podría parecer extraño, sí, pero igual que no nos parece raro que un chico entrene su deporte favorito casi como si fuera un juego, ¿por qué habría de extrañarnos esto? Los niños buscan mejorar, y más si se trata de algo que les apasiona.

Al igual que el truco de magia que hablamos antes, ellos no quieren “heredar” esa habilidad, sino pretenden aprehenderla, entenderla, crearla. Su única limitación es su propia imaginación. Y por suerte, eso es inagotable.

No tenemos que olvidar que las Matemáticas en la antigua Grecia, surgieron como un juego: no tenían la función de resolver problemas de la vida diaria sino que eran meros placeres intelectuales. Todos hemos sentido alguna vez el inmenso gozo de, tras horas o días de trabajo, que “se nos encienda” la bombilla y entender cómo se resuelve un problema. Pues imagínense lo que disfrutan ellos que lo hacen habitualmente.

Créanme que es genial estar en un aula con niños con semejante pasión por el conocimiento. E insisto: es divertido. Mucho. Son niños tan acostumbrados a que no valoren sus cualidades, que cuando pueden compartir su “juego” con otros, las emociones se agolpan y las sonrisas se hacen más amplias. Probablemente ven la Escuela como un sitio donde no esconderse y no disimular, donde ser ellos mismos.

Y por nuestra parte, al igual que dijo Plutarco hace siglos, tenemos esto muy claro que: “El cerebro no es un vaso por llenar, sino una lámpara por encender.” ”

José Manuel Gómez Quesada
Matemático
Colaborador de SM
Profesor de la Escuela de Pensamiento Matemático Miguel de Guzmán.

http://www.escuelapensamientomatematico.org

3 comentarios sobre “Un truco de Magia

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