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Escuelas que “desarrollan” el potencial de sus alumnos

Siento si alguno ha entrado aquí buscando un mágico listado de centros educativos en el que por fin encontrar profesionales capaces de acometer la exigente labor de identificar el potencial de sus alumnos, establecer objetivos individuales, construir estrategias grupales y evaluar el progreso diario para asegurar con honradez y sin engaños que en este centro si, se comprometen a desarrollar el potencial de sus alumnos. No existe tal listado. Es posible que ni siquiera exista 1 centro. No, dentro de la categoría de centros “homologados” -aquellos a los que las leyes nos obligan a escolarizar a nuestros hijos- y mucho menos dentro de ese concepto de “escuela inclusiva, gratuita y de calidad” a la que dice la ley que tenemos derecho, cuán engañoso slogan publicitario.

Nuestra ley orgánica sobre educación insta a las instituciones educativas a “flexibilizar el currículo y el método para garantizar el pleno desarrollo cognitivo, personal, emocional y social de los alumnos”. El concepto “desarrollar el potencial” era un total desconocido hace apenas un par de años, pero ha triunfado como la minifalda. De repente, todo el mundo lo usa, no importa si tiene unas “piernas” que merezcan tal atuendo.

Todas nuestras normas comunitarias hablan de ello. Todos los congresos y foros educativos. Todos los discursos de responsables políticos de uno y otro signo y, por supuesto, aparece destacado en la publicidad y web de todos los centros educativos que pugnan por nuestros hijos. Hasta el concepto de inclusión y sus más acérrimos defensores, que hasta hace apenas unos días lo restringían a atender a aquellos que no podían alcanzar, al ritmo “deseado” a nuestro ensalzado alumno “medio”, han adoptado, con satisfactoria rapidez, el término más explícito de “desarrollar el potencial de todos”.

¿Pero, saben de qué hablan? ¿Lo sabemos las familias destinatarias de esos mensajes?

Un centro educativo está orientado a desarrollar el potencial de tu hijo si te habla de cosas como:

Construir un perfil del alumno

Si cuando ingresas en un centro educativo o cuando te estás interesando por él, la conversación gira alrededor de tu hijo, su experiencia educativa, intereses, puntos fuertes y débiles, expectativas del alumno y la familia, preferencias de aprendizaje, circunstancias personales, emocionales, sociales y familiares… ya puedes empezar a sonreir… aquí hay potencial.

Si por el contrario te hablan de ellos, sus programas, instalaciones, adscripciones, modelos “pedagógicos” e incluso sobre las expectativas que ellos tienen sobre tus hijos, no estás entrando en un centro educativo sino en un club social y no estás pagando por que desarrollen el potencial de tu hijo, sino porque le pongan un sello certificador de “origen”.

Pero atención, no es suficiente con que “se interesen” por conocerle. Desarrollar el potencial de un alumno implica hacer una identificación explícita, multicriterial y amplia para conocer cuál es ese potencial y planificar acciones concretas orientadas a desarrollarlo. Sino partimos de un perfil y plan personales, no hay desarrollo del potencial.

Contar con los profesionales adecuados

La educación no es un mero proceso de adquisición de contenidos, ni de entrenamiento para pruebas estandarizadas, ni tiene como objetivo la certificación del alumno mediante un título tras otro. El éxito en las pruebas y la obtención de títulos deberían ser una consecuencia de la construcción de valor en el alumno, y no un entrenamiento de memoria y repetición. Esta construcción de valor es lo que significa “desarrollar el potencial”. Es como tallar un diamante. No coges un trozo de carbón y lo pasas por un proceso automatizado y homogéneo para que pase por el filtro de la prueba de certificación de turno. Sino que coges un trozo de carbón, lo estudias en detenimiento y cooperas con especialistas multidisciplinares para diseñar la forma y tamaño que permitirá brillar al diamante que lleva dentro. Con la salvedad de que además, hablamos de un “carbón” que evoluciona, interactúa, varía su estructura y por tanto, sus “talladores” deben ser flexibles y estar preparados para adaptarse y re-adaptarse a la forma y tamaño que presenta en cada momento de su evolución.

Si el centro te presenta uno a uno a sus docentes, su trayectoria, visión, estructuras de cooperación y planificación, apoyos y recursos desde la dirección y las herramientas de gestión del aprendizaje con el que cuentan… amplia tu sonrisa, casi, casi, ya podemos empezar a ilusionarnos.

Si en toda la presentación no presumen de equipo docente y su forma de trabajar, te están vendiendo un envoltorio, quizá hasta te lo adornen con lazos como “aprendizaje por proyectos” (o por entornos, paisajes, problemas o servicio) que resulta sólo atractivo, hasta que abres el paquete, y ves que es el mismo producto de siempre.

Un centro educativo necesita de un proyecto educativo y éste sólo puede sostenerse sobre los hombros de un equipo docente estable, cohesionado, preparado, que comparte una visión explícita de la educación, que coopera entre sí para compactar y enriquecer el currículo, responder y adaptarse a las necesidades de los alumnos, aportarles herramientas específicas de desarrollo, tanto de sus fortalezas como de sus debilidades. Y por tanto un equipo docente altamente cualificado, remunerado, motivado y cualificado en aspectos como desarrollo del potencial, pensamiento crítico y creativo y aspectos emocionales y sociales que afectan al aprendizaje.

Si sus docentes van y vienen, si se seleccionan buscando el menor coste posible, si no hay un plan de formación específico del centro que asegure que todos sus docentes están preparados para implantar el proyecto educativo y, como prometen, cuentan con la formación, herramientas y estructuras adecuadas para desarrollar el potencial de tus hijos, congela esa sonrisa, todo ha sido una ilusión.

Todo es flexible

Todos y cada uno de nosotros somos diferentes. Nuestro perfil, intereses, capacidades, expectativas, ritmo, estados anímicos y emocionales, nuestras interacciones sociales y con el entorno, la empatía que desarrollamos en un momento determinado, hacia determinadas personas, materias, temas o actividades. La educación debe respetar esto. Permitir la libre elección de materias y ritmo y complejidad del aprendizaje es importante, muy importante. Se insiste desde muchos ámbitos profesionales. Pero esto no es efectivo si al mismo tiempo el alumno no se rodea de fuertes estímulos que provoquen y amplíen esos intereses, que catalicen esos ritmos y le motiven para demandar “más”.

En realidad los intereses son moldeables y la motivación depende de muchos factores, también de factores externos sobre los que podemos intervenir. Entre ellos: Partir de un reto creativo, una estrategia de agrupamiento que genere sinergias de estímulo y desarrollo, por supuesto la capacidad del docente para empatizar con los alumnos y apasionarlos por su asignatura, la flexibilidad y apertura en los enfoques desde los que se abordan los temas, el ajuste del reto a la capacidad y perfil del alumno, y la concreción del aprendizaje en un producto final, que permite al alumno orientarse hacia un objetivo concreto y retador que vaya más allá de “recordar para aprobar”. Por eso es más importante tener la capacidad para encontrar una forma de enfocar nuestra materia que resulte atractiva, que ofrecer muchas materias esperando que éstas por sí solas resulten atractivas.

Cuando una escuela incluye estas premisas en su lenguaje, te enseña el portfolio de sus alumnos, los proyectos en los que están inmersos, y cómo estimulan y responden a que tengan sus propias iniciativas, esta personalizando la educación orientando ésta al desarrollo del potencial de los alumnos o al menos, muy cerca de ello. Si te habla de estándares, de sus aprobados y notas, o lo primero que te enseña son sus normas, horarios, fechas de exámenes y estructuras, estás ante un centro de moldeado de alumnos, muy lejos de lo que implica un modelo de escuela que personaliza y por tanto, lejos de un escuela capaz de desarrollar el potencial de tus hijos. Si sólo habla de libertad para elegir pero esto no está enmarcado en ese plan personalizado en el que la escuela construye oportunidades para que los alumnos progresen construyendo aprendizaje significativo de forma consciente y explícita, estás ante un centro curativo para liberarte de la presión de una escuela encorsetada y saturada, a la que le falta el ingrediente que promete de “desarrollar el potencial”.

Feedback y Metacognición

El feedback es imprescindible en el desarrollo del potencial. Es lo que nos permite avanzar, mejorar, buscar nuevos recursos, observar otras alternativas, reflexionar, desarrollar un sentido crítico que incluye nuestro propio trabajo, y ser conscientes de lo aprendido y los avances realizados.

El feedback debe ser constante, explícito, concreto y ofrecido a lo largo del proceso de aprendizaje. Es lo que nos lleva a obtener un buen rendimiento en las pruebas estandarizadas cuando hay que pasarlas. Y no se enfoca sólo sobre el contenido sino también y sobre todo, sobre las estrategias y actitudes de aprendizaje, los procesos mentales del alumno que bloquean o potencian su compresión. Es lo que permite al docente observar cómo aprende el alumno para adaptarse a él y ofrecerle las herramientas que necesita para lograr un mayor avance. Fichas, esquemas visuales, vídeos, un marco más amplio que le ofrezca mejor comprensión, un recurso más explícito, un repaso individual…

Y no puede quedarse en una observación verbal de vez en cuando, debe ser un trabajo estructurado y explícito, compartido con el alumno, con el resto del claustro y con la familia, para que cada actor aporte desde su responsabilidad remando en la dirección del alumno de forma coordinada y, por tanto, eficiente y efectiva. Incluye las tutorías, los exámenes, el portfolio, anotaciones sobre cómo afecta y es influido por el agrupamiento, el contexto, las actividades y pone el foco en cómo el alumno desarrolla sus fortalezas, o las llamadas soft skills, o competencias claves del siglo XXI (y de todos los siglos, no nos engañemos), fortalezas como dedicación y entrega, disposición a aprender, estrategias y efectividad en sus estudios, pensamiento crítico y creativo, pasión, interés, orientación al objetivo, learnability o mentalidad de crecimiento que implica un estado de flujo en el que el alumno y su contexto interactúan de forma óptima, generando el mayor desarrollo de su potencial posible, impactando en su sentimiento de competencia y autoestima, en la fijación de metas ambiciosas (acordes a su perfil) y en la determinación de trabajar para alcanzarlas.

Desarrollar el potencial implica todo esto. No son palabras para atraer moscas a un centro educativo o para adornar un discurso político. Las familias hemos asumido que los centros no estén por la labor de atender a nuestros hijos cuando el “estándar medio” está lejos de satisfacer sus necesidades, pero que ondeen la bandera del desarrollo del potencial como un slogan decorativo, sin estructuras que lo sustenten, se me antoja especialmente doloroso. Implica que conocen y reconocen su importancia, y la demanda latente que existe de escuelas realmente orientadas a este objetivo y sin embargo, allí siguen, viviendo de las palabras y no de hechos.

2 Comentarios »

  1. Verdades como templos, expresadas de una manera clara y directa. Muchas gracias por transmitir de esta manera la realidad con la que nos enfrentamos, tanto familias, como maestros.

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