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Hasta el último momento. Altas Capacidades y Procrastinación

Hoy escribo emocionada. Henchida de orgullo por dos de mis alumnos. Han sido, sin duda, un reto todo el curso. Sabía que había alumnos así. Sabía que debía respetar su ritmo. Sabía que lo importante es cuánto aquello de lo que yo hablaba en clase lograba transformar sus vidas, mejorar su percepción del mundo, serles útil no para aprobar, sino para afrontar la vida que elijan vivir. Sentía que sí, que la estructura de unas clases muy participativas, que la dinámica de construir aprendizaje desde su conocimiento previo y retando sus destrezas de pensamiento no sólo crítico sino también creativo, hacía que llegarán cada día con la ilusión y expectativas del que sabe que va a aprender algo nuevo y estimulante.

Pero no lograba que plasmaran ese aprendizaje en un producto que nos permitiera a todos, a mí, pero sobre todo a ellos, ser conscientes de su evolución y aprendizaje. Enfrentarse a eso que llamamos “poner a prueba los conocimientos” y que les sirviera para resolver situaciones y tomar decisiones de calidad.

Esperaba que acabaran venciendo sus barreras para afrontar finalmente su responsabilidad, pero ¿y si no?

Habían decido presentarse a los IGCSE este curso lo que me había obligado a compactar el contenido de 2 cursos en uno sólo, para todos, y, sin embargo, ellos dos, han sido los que menos se han esforzado -más bien nada- en ir trabajando en sus proyectos paso a paso durante todo el curso. Insistí, me preocupé. Y pocos días después de iniciar este confinamiento, por un momento, perdí la confianza que había depositado en ellos durante todo el curso.

Pero esta semana, a sólo 2 días del final del plazo. Voilá.. ya está aquí el resultado ¡Y qué calidad! Sí, en tan sólo 2 semanas han hecho el trabajo de casi 8 meses. Reconforta saber que sí, que me estaban escuchando, que procesaban cada palabra, cada concepto, cada aprendizaje. No hice nada especial, simplemente se acababa el plazo.

Y entonces he reflexionado sobre ¿qué hubiera sido de estos chicos en un centro, con un docente, más preocupado por que todos los alumnos lleven el mismo ritmo? Hubieran suspendido dos evaluaciones. Hubieran saltado todas las alarmas, les hubieran llamado vagos, negativizado, hubieran llamado a sus familias y éstas les hubieran también castigado probablemente. Hubiera habido cierto conflicto en casa, tensión. Les hubieran restringido quizá las salidas, la diversión, los buenos momentos que trae la adolescencia. Su experiencia de aprendizaje se hubiera tornado turbulenta, conflictiva, negativa. También su relación familiar.

No digo que aquí no saltaran ciertas alarmas, que no hubiera hablado con su tutor, y que éste haya debatido con ellos para asegurarse de que eran conscientes de la responsabilidad que tenían hacía una decisión que ellos mismos habían tomado. Pero nunca he dejado de mostrarles confianza y de darles oportunidades y herramientas para pasar del pensamiento a la acción, nunca he dejado de intentarlo y desde luego, no les he llamado “vagos”, ni les he penalizado. Sabía que era una cuestión de ritmo.

Estos dos alumnos son brillantes en un modo distinto. Uno es especialista en escaquearse absolutamente de todo y calcula perfectamente cuando debe, por fin, esforzarse. Lleva toda la secundaria sacando notas excelentes a base de estudiar las dos últimas semanas… eso sí, se encierra y no hace otra cosa.

El otro tiene un historial increíble de incomprensión, rechazo y falsos diagnósticos que ha recibido en los centros anteriores en los que ha estado escolarizado, que más parecen hechos tirando dados al azar que con criterios que podamos llamar profesionales. Su capacidad de observación, de relacionar ideas y de aprender en profundidad es tal, que parece absorber de la atmósfera o de mi propio pensamiento, aquello que aún no he dicho. Sólo necesita un minuto, una frase, una imagen, para comprender la complejidad y alcance de los conceptos que trabajamos. Pero no saca las manos de la chaqueta. No escribe, no apunta, no trabaja. No lo hace porque no quiere participar, sino porque durante 10 años sólo ha escuchado de sus profesores que no vale. Puedo “entenderlo” porque la profundidad de sus ideas es tan avanzada, que hay que tener la mente muy abierta para no confundirlo con banalidades.

Estos dos alumnos son especialistas en procrastinar. Un verbo por desgracia muy asociado a las altas capacidades. No por supuesto porque venga “de fábrica”, sino porque a menudo estos niños crecen sin el reto y el contexto que favorecen sus fortalezas internas. Entre ellas, las de trabajar, aplicarse y organizarse.

Procrastinación,

¡una llamada de ayuda!

“La dilación es una señal de alerta de que el niño con altas capacidades está teniendo problemas emocionales con el perfeccionismo, el trabajo escolar o cualquier otra cosa que esté evitando, como encajar socialmente”

Dra. Barbara Klein. Procratination-A Cry for help. Squarespace.com

Muchos padres y docentes, especialmente en secundaria, y más aún probablemente cuando hablamos de adolescentes con alta capacidad, tratan de lidiar contra la procrastinación de sus hijos o alumnos a través del castigo, la penalización, el reproche o el enfrentamiento, porque asumen que ellos tienen esta actitud de forma voluntaria y que, por tanto, tienen las herramientas para modificarla.

A veces también se ven reflejados en sus hijos y asumen que es “hereditario”. Si finalmente el padre o la madre logró salir adelante, el hijo o hija también lo hará ¿no? “Salir adelante” no es suficiente. La educación debe proveer a todos los alumnos de una experiencia de aprendizaje que trabaje sus fortalezas y potencial al máximo. ¿Por qué conformarse con menos?

El primer paso es entender las causas de este comportamiento.

¿Puedes identificar algunos de estos motivos?

Distracción

Cuando están inmersos en sus intereses, y estos, obviamente, les generan mayor reto y satisfacción que sus tareas.. ¿Cómo renunciar a ellas? Su rica vida interior, la complejidad de sus pensamientos, necesita de retos realmente estimulantes para captar su atención. Si le haces pensar, indagar, si retas su curiosidad y su pensamiento crítico y creativo, su capacidad para transformar y crear, será menos probable que se distraiga.

Desorganización

Los niños con alta capacidad tienen las mismas probabilidades que cualquier otro niño se ser desorganizados, pueden tener capacidades organizativas y de planificación deficientes y pueden carecer de habilidades de gestión del tiempo. La capacidad organizativa no está asociada con las altas capacidades. Pero si además tenemos en cuenta que cuantas más ideas y más complejo es el proyecto o tarea que eres capaz de imaginar, al que aspiras y quieres crear, más difícil es organizarse y más tiempo necesitas, podemos entender que estos niños pueden sentirse abrumados por sus tareas con más frecuencia que el resto de alumnos. Necesitan herramientas de planificación y organización.

Apatía

Todos nosotros retrasamos hacer las tareas que menos nos gustan, o las que no encontramos sentido, que nos parecen absurdas, inútiles y poco estimulantes. Cuando en el aula no se establecen estrategias de diferenciación y ajuste del reto a la capacidad de los alumnos, es probable que les estemos pidiendo trabajos que les resultan aburridos, poco estimulantes, demasiado fáciles. O repetitivos y sin sentido y por eso eluden realizarlas. Prefieren, claro, ocuparse haciendo cualquier otra cosa. El problema no es de ellos, sino de una escuela que elude su responsabilidad de responder al perfil personal de cada alumno.

Por que pueden

Si su experiencia es que, esforzándose en el último momento, obtienen un trabajo tan bueno o mejor que el resto de sus compañeros.. ¿por qué habrían de dedicarle más tiempo del debido? Podemos complicar el trabajo y aumentar el nivel de exigencia o respetar que necesitan menos tiempo y dedicación para hacer los trabajos o estudiar para un examen y obtener un buen resultado, pero no podemos exigirles que inviertan un tiempo que no necesitan invertir.

Rebelión

Puede también deberse a una llamada de atención, un modo de hacer notar su rechazo ante una tarea que siente denigrante para su capacidad, una falta de respeto a su intelecto, una forma también de destacarse, un modo de “controlar” la situación haciendo perder los nervios a quiénes les rodean. De nuevo es una queja, una reacción hacia una escuela que no le reta, que no está generando un aprendizaje transformador y estimulante, que es lo que estos niños anhelan.

Perfeccionismo

Un exceso de perfeccionismo o un perfeccionismo insano pueden llevarles a la inacción, a posponer todo hasta el último momento por la inseguridad de no poder alcanzar el nivel de desempeño deseado. Dan vueltas y vueltas esperando la idea perfecta, el momento perfecto, la propuesta perfecta, y después les sobrelleva el pánico del último momento, entregando todo de “cualquier manera”. De algún modo esta es la excusa bajo la que se protegen. “No lo hice tan bien porque no le dediqué tiempo, de haberle dedicado más tiempo, lo hubiera hecho mejor

Auto-sabotaje

El contexto social de muchas de nuestras escuelas, y también fuera de ellas, no muestra simpatía hacia aquellos que destacan. Así, los niños y especialmente los adolescentes que no están dispuestos a pagar el coste social del aislamiento o de ser señalados, aún sólo con miradas y murmullos, disfrazan su capacidad de desempeño.

“La procrastinación puede reflejar su ambivalencia al enfrentar este dilema y la incertidumbre sobre si minimizar sus habilidades o estar a la altura de su potencial. Y si la calidad de su trabajo sufre, pueden perpetuar la imagen que quieren transmitir

traducido de: https://giftedchallenges.blogspot.com/2014/03/ten-reasons-your-gifted-child.html)

Inseguridad

Para construir una autoestima positiva, necesitamos un sentimiento de competencia positiva (Erikson). No nos sentimos competentes porque nacemos competentes, sino porque obtenemos logros a través del esfuerzo. Los niños con alta capacidad son a menudo privados de este sentimiento pues durante sus años de primaria son premiados por logros para los que no han tenido que hacer nada. Les pedimos leer, sumar o multiplicar cuando ellos ya sabían hacerlo. Les planteamos exámenes que pueden responder usando tan sólo su propia imaginación y conocimiento previo. Se han acostumbrado al éxito. Todos esperan que siempre tengan éxito. Pero ellos no saben qué es exactamente lo que hacen para lograr ese éxito. Simplemente, lo tienen. Y eso les genera mucha inseguridad porque siempre están esperando que la próxima vez se descubra que en realidad son un fraude, un impostor, que no son tan listos como los demás esperan. Así, optan por dilatar su responsabilidad y la hora de enfrentarse a cualquier reto, huyendo de una situación que podría ser, esta vez sí, la que destapara “la verdad”.

Vergüenza

A la situación anterior se añade la vergüenza de fallar. Cuando su experiencia vital les ha mantenido alejados del error, cuando el reto y su contexto nunca les ha puesto en situaciones en los que el error -y superarlo- forman parte de su experiencia, desarrollan una identidad basada en su capacidad para hacerlo bien. Fallar implica para ellos cuestionarse todo su “yo”, pues atenta contra la base sobre la que han construido su identidad. Evitan pues enfrentarse a retos si no están 100% seguros de que lo harán a la perfección, manteniéndose fijos en su zona de confort, una zona que se va estrechando a medida que crecen.

Depresión

En las circunstancias mas graves, podemos estar también hablando de procrastinación debida a depresión, por lo que irá asociada, probablemente con otros signos, como el aislamiento de sus compañeros, tristeza aparente, cambios en los patrones de alimentación y sueño, e irritabilidad. En estas situaciones, retrasar nuestras responsabilidades puede ser un reflejo de sentimientos de desesperanza y una percepción de que el trabajo escolar carece de significado.

Identificar la causa es el primer paso para resolver la situación. Cada uno de estos motivos requiere de una respuesta diferente. No resolvamos pensando que simplemente son “vagos”. Detrás de toda actitud negativa, cuando eludimos nuestra responsabilidad, trabajamos por debajo de nuestra capacidad, nos evadimos, hay bloqueos emocionales que nos hacen tomar este camino. “Vago” no se nace, se hace como reacción a un contexto poco estimulante y retador que ha limitado, mermado y coartado nuestra curiosidad e iniciativa innatas. Cambia el contexto y cambiará su actitud, pero al tiempo, apórtale las herramientas y guía que necesita para reconocerse capaz.

Encontrar el equilibrio entre respetar su ritmo, entender que requieren invertir menos tiempo en sus tareas y aprendizaje, y vigilar que no estén escondiendo miedos o inseguridades tras una actitud de procrastinación exige que los adultos nos acerquemos a ellos sin un juicio previo, que observemos sus comportamientos y los gestos que nos ofrecen cada día, que seamos perseverantes y generosos al mantener nuestra mano tendida sin condiciones. Y que siempre, siempre, nos preguntemos

¿Por qué?

Tratamos estos aspectos y ofrecemos herramientas para trabajar la capacidad ejecutiva el próximo 25 de abril y 16 de mayo. Formación on line para familias: https://aacclarebeliondeltalento.com/2020/03/16/formacion-on-line-familias-camino-al-desarrollo-de-su-potencial/

Fuentes

10 causas extraídas de : https://giftedchallenges.blogspot.com/2014/03/ten-reasons-your-gifted-child.html

9 Comentarios »

  1. hola soy padre de una adolescente con altas capacidades ,esta con medicacion por depresión,es muy dificil motivarlos,y las relaciones sociales son muy dificiles,como sacarla del encierro, ?he probado con deportes ,viajes pero le cuesta mucho,algun chat online,de jovenes de su edad?,alguna sugerencia?el psicologo dice que la llevemos a hacer alguna actividad que le guste pero no se decide,queremos que salga de casa esta mucho tiempo encerrada,sin salir.

    • Hola Neo. ¿Cuánto tiempo lleva así? ¿Cuánto tiempo yendo al psicólogo y cuánto con medicación? Es verdad que encontrar un área de interés para “tirar” de ella es lo más aconsejable, pero si no muestra un interés marcado hay que ofrecerle y ofrecerle hasta encontrar algo. Sin embargo, ANTES, hay que averiguar el por qué. Tener altas capacidades NO te hace más tendente a la depresión. Es importante buscar el origen, cuando empezó con esta actitud y qué pudo suceder. La falta de reto en primaria genera baja autoestima académica y ausencia de sentimiento de competencia. Sentir que “no vales” puede generar depresión. Por tanto devolverle este sentimiento es donde debemos fijar nuestros esfuerzos. Dale responsabilidades que le lleven a pequeños logros para ir aumentando poco a poco y sin presión. Comparte tus aficiones con él. Poneros a hacer desde un puzzle a un robot, juntos, aprendiendo paso a paso y disfrutando. No encontrarle sentido a la vida también es común. Habla de tus experiencias, recordar juntos cuando eras jóvenes, leer biografías de gente que lo ha pasado mal y luego ha tenido éxito (como Elon Musk, Steve Jobs, el fundador de KFC, Ramón y Cajal…). Pasear (si podéis con la situación actual), charlar de la vida, de las personas, de temas trascendentales, reir, compartir. Y mucha paciencia y comprensión. Cree en él y él creerá en sí mismo.

    • Primero quiero agredecer el haberme contestado,el tratamiento con psicologa desde los 6 años,y la medicación comenzó hace 6 meses ,es la primera vez,está pandemia ayudo mucho a compartir tiempo de calidad y mejoró muchísimo, comparto todo lo que dice ,estamos buscando siempre nuevas maneras de motivar,nuevos intereses,aunque es una edad difícil la adolescencia ,no hay que bajar los brazos,pero seguimos con el tratamiento,trabajando el tema de frustraciones,obsesiones,seguido todo por el profesional,saludos.

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